LA NEGACIÓN DE UNA RAZA
Domingo 4 de junio, 2012
De: Mario Pachajoa Burbano
http://mariopbe.com/
mariopbe@gmail.com
 

Amigos:

¡Se retira de aquí o me retiro yo !  tronó el Nobel colombiano
al arquitecto payanés Eladio De Valdenebro, en una escena que
sucedió en La Habana, Cuba, y en presencia del Presidente Fidel Castro.

Eladio De Valdenebro - elvalde@gmail.com - ha tenido la deferencia de
enviarnos dos comunicaciones: una que contiene anotaciones sobre tres
libros famosos y admirados del Nobel colombiano García Márquez y
la otra, una crónica de la inesperada reacción del famoso colombiano al
escrito de Eladio De Valdenebro.

Ambos documentos se adjuntan en forma original.

Cordialmente,

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LA NEGACIÓN DE UNA RAZA
POR: ELADIO DE VALDENEBRO

En tres primordiales obras de su reconocimiento mundial - Cien Años de Soledad, El Otoño del Patriarca y los Cuentos de Eréndira – García Márquez borró absurda e inverosímilmente la presencia de la raza africana en todo el mundo caribe de su literatura.

He leído recientemente el libro de Gerald Martin sobre el nobel. Y ello me ha revivido el tema que le enuncio en el párrafo anterior. Se lo adjunto, unas 3.500 palabras, acaso le interese para su revista.

El texto tiene dos partes: la sustentada crítica en sí – creo que nunca planteada entre los miles de artículos que se han publicado sobre el escritor - y la crónica de su reacción cuando fue divulgada, ante el, en La Habana… al lado de Castro.

Eladio Valdenebro

elvalde@gmail.com / Tel. (57)3154202274 / Popayán, Colombia

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LA NEGACIÓN DE UNA RAZA: GARCÍA MARQUEZ,

Hace unos buenos años, y recién salida a librerías, leía yo una compilación de artículos periodísticos de Gabriel García Márquez. (G.G.M.). En el grueso tomo hay también algunas entrevistas que le habían hecho al escritor. De ellas me llamó la atención una charla con el reportero de alguna revista española, luego de su primer viaje a Angola. Le decía que en tal ocasión, había el

"re-encontrado unas gruesas raíces africanas, perdidas en Colombia porque nuestra cultura pretende ser totalmente europea".

Luego reconocía que en la costa Caribe de Colombia – escenario de sus principales obras – es donde mas influencia hay de lo negro.

"Yo fui a Angola convencido de descubrir un mundo totalmente extraño y desde el momento que desembarqué me encontré en el mundo de mi infancia."

Cuando leí estos comentarios de G.G.M. – tan coherente siempre el en todo lo que dice o escribe - noté la contradicción de conceptos "raíces… perdidas en Colombia" y "me encontré en el mundo de mi infancia". Releí el texto y si, es contradictorio, acaso por una edición indebida del periodista. Pero el hecho fue que esa re-lectura me abrió los ojos ante algo extraño: esa gran presencia africana parece negada en sus libros primordiales.

Me dediqué entonces a releer Cien años de Soledad , el Otoño del Patriarca y los Cuentos de La Cándida Eréndira. A releerlos, pero entonces no ya con la fascinación con que varias veces lo había hecho antes. Mas bien con un afán - secretamente morboso - de hallar posible falla en algo tan amado... (Es así con frecuencia, que cuando vislumbramos un probable defecto en algo que amamos con obstinación, una secreta fuerza nos impulsa a comprobarlo).

Entonces me empeñé en espulgar aquellas tres obras de su gran fama inicial; no analicé, pues, la creación anterior a Cien Años de Soledad, ni lo publicado después de Eréndira. Y en mi pesquisa comencé a verificar que si, que el gran escritor presenta lo negro como algo excepcional.

Estaba en esas, cuando alguien pareció desarmarme con este argumento: lo negro es tan cotidiano en la región caribe de Colombia, que no tiene sentido testimoniarlo permanentemente. No supe qué contestarle entonces. Pero luego si me aclaré: muy bien no testimoniarlo pues es tan de todos los días… pero, si es tan cotidiano, porqué cuando G.G.M. lo menciona, lo hace como algo raro, como algo fuera de lo común…?

Proseguí con mi análisis. Poco a poco fui comprobando que los negros, sus características, su presencia, sus costumbres y hábitos, a mas de ser escasos, son mencionados por G.G.M. como algo extraño, como algo curioso. O los menciona como si fueran llegados de otros países, como si no fueran – desde siglos atrás – nativos de allí. Casi que son señalados con el dedo. No… me corrijo, suprimo el casi: los señala con el dedo.

Veamos pues, a continuación, que García Márquez en sus dos portentosas novelas y en aquellos siete bellísimos cuentos, ignora la presencia permanente, densa e indispensable de lo africano en todo el mundo caribe de su literatura.

En Cien años de Soledad, saga familiar que abarca la historia de seis o siete generaciones de todo un pueblo y que tipifica la realidad histórica de buena parte del Caribe y de Colombia, se menciona tres veces a los negros... pero son venidos de las Antillas:

1. Durante la bonanza bananera, llegan a Macondo mercaderes turcos, empresarios gringos, prostitutas francesas, tribus de gitanos, y

"... el único rincón de serenidad fue establecido por los pacíficos negros antillanos que construyeron una calle marginal...".

2. Cuando la decadencia de Macondo, nadie recuerda a la familia Buendía, ni siquiera al coronel

"... salvo el mas antiguo de los negros antillanos, un anciano cuya cabeza algodonada le daba el aspecto de un negativo de fotografía...".

Miren - parece decirnos García Marquez - miren que raro ese viejo con la piel negra y el pelo blanco!. Y parece que nos lo señala con el dedo. Pasa por alto que¸ en cualquier lugar de Colombia, a diario vemos ancianos negros de cabeza blanca… Si no son calvos – poco frecuente – son siempre de blancos cabellos…

3. La última aparición de negros en Cien Años, por Macondo ( y no hay mas que estas tres…) es la biznieta del viejo negro antillano,

"... una negra grande, de huesos sólidos, caderas de yegua y tetas de melones vivos, y una cabeza redonda, perfecta, acorazada por un duro caparacete de pelos de alambre, que parecía el almófar de un guerrero medieval.,.".

Otra vez el novelista se extraña y parece decirnos: qué tal esa mujer tan rara, con ese pelo tieso tan extraño! … Cómo puede ser extraña esta morfología racial, si la inmensa mayoría de negros y de negras tiene así su cabello?

Y no hay mas negros en todo el ancho mundo de Macondo… en cien años! Las tres veces – es lo mas extraño – descritos como algo raro… prácticamente señalados con el dedo.

Para ver otros hay que viajar: uno de los últimos personajes huye de la ruina de Macondo y envía a sus amigos postales de lo que le admira en su viaje:

"... los caballos alados en la hierba azul de Kentucky, los amantes griegos en el crepúsculo infernal de Arizona, los negros quiméricos en los algodonales de Louisiana,..".

Excluidos los negros que vinieron de las Antillas, por aquí no hay otros. No propiamente entre líneas, G.G.M. nos dice: véanlos qué raros son, o vayan a verlos en Louisiana, tan extraños como los caballos alados de Kentucky!...

En los cuentos del libro de Eréndira la situación es similar:

1. La bella Laura Farina es hija de un forajido y de

"... una negra hermosa y blasfema que se encontró en Paramaribo...".

Extranjera pues, igual que los escasísimos negros señalados solo tres veces en Cien Años de Soledad.

2. El muchacho que ve el buque fantasma, recorre la ciudad colonial amurallada tan preocupado por sus visiones, que

"... Ni se burló de los negros holandeses en sus velocípedos ortopédicos...".

En estos dos libros – Cien Años y Eréndira – vemos pues que no hay alusión a negros de aquí, y que todos son foráneos, llegados de las Antillas, de Paramaribo, de Holanda (?).

Hay que escarbar detenidamente en busca de negros locales en el extenso mundo del Otoño del Patriarca para hallar tan solo tres ocasiones en que se los menciona, y aquí sí sin asignarles origen foráneo:

"... Las ancianas negras de turbantes de trapos de colores radiantes..."

que soportan estoicas los desafueros de Leticia Nazareno en el mercado público...

"…allí te dejamos con tu burdel de negros..."

dicen los gringos al Patriarca cuando abandonan el país, luego de alguna invasión armada de buena voluntad.

Y la última ocasión, cuando el Patriarca busca a Manuela Sánchez, la reina de los pobres, dice:

"... te habrás perdido en la parranda sin término del maranguango y la burundanga y el gordolobo y la manta de bandera y el tremendo salchichón de hoyito y el centavo negro de ñapa en el delirio perpetuo del paraíso mítico del negro Adán y Juanchito Tucupey".

En esta cita aparece la única alusión al riquísimo folclor negro. (mezclada con algo

indígena, aquello de la manta de bandera). Antes, en otra furtiva vez, había usado el término folclórico de clara onomatopeya africana "cumbiamba" en Cien Años de Soledad, para referirse a las pantagruélicas parrandas cotidianas en casa de Petra Cotes, aunque avivadas no con ron ni aguardiente (lo típico de la gente negra en la costa caribe) sino con "... cajas y mas cajas de brandy y champaña,.."

Y algo mas, que aunque no explícitamente, sí es implícitamente negado: de algunos personajes el escritor pondera como fuera de lo común, su dotación genital. Mas nunca la asocia a los negros, siendo este un decir común acaso universal. No solo, pues, oculta e ignora a los negros, sino que les quita una reconocida característica.

Es curioso, pero así como Álvaro - al final de Cien Años - tiene que irse a Estados Unidos a ver negros en los algodonales de Louisiana, G.G.M. tiene que irse a Angola a descubrir unas raíces que, al contrario de lo que dice al periodista español, son visibles, palpables y vigentes todos los días y en cualquier sitio del litoral caribe de Colombia.

En paralelo con lo anterior, el mestizaje negro-blanco que conforma mayoritario porcentaje en la realidad demográfica del Caribe, es presentado como algo ocasional: Petra Cotes es mulata; también Eréndira, la adolescente prostituída por su abuela. Mulatas son las sirvientas del Patriarca en la casa presidencial; y en la frondosa familia de Macondo tan solo Aureliano Triste - uno de los catorce hijos de campaña del Coronel - lo es. Y no hay mas!. No hay mestizaje!. Mas bien se insiste en lo contrario: cuando Úrsula regresa a Macondo, trae consigo una gran muchedumbre de nuevos colonos:

"... hombres y mujeres como ellos, de cabellos lacios y piel parda, que hablaban su misma lengua y se quejaban de los mismos dolores..."

Esta cita es la mas extraña: en la realidad demográfica del Caribe, no hay ocasión alguna de muchedumbres en que no haya preponderancia evidentísima de negros y de mulatos. Mas bien, en tales ocasiones se distinguen nítidamente, y en porcentajes siempre bajos, gentes de piel clara y de cabellos lacios… Qué ficción tan absurda hizo G.G.M.!

Un episodio bien preciso en Cien Años de Soledad genera no poca perplejidad:

"... José Arcadio (el fundador) soñó esa noche que en aquel lugar se levantaba una ciudad ruidosa con casas de paredes de espejo. Preguntó qué ciudad era aquella y le contestaron con un nombre que nunca había oído, que no tenia significado alguno, pero que tuvo en el una resonancia sobrenatural: Macondo...''

La resonancia africana del término Macondo es nítida; pero el fundador (el escritor?) nunca lo había oído, no le sugería significado alguno...

Acaso la negación de lo negro en G.G.M. es tal vez de origen inconsciente? Parece serlo, pues el novelista decía en aquella charla con el reportero español, que solo tras su viaje a Angola había vuelto a tener pesadillas que no tenía desde su niñez. Y en otra charla con otro periodista, repitió:

"... Cuando fui a Angola me llevé una sorpresa porque me encontré a flor de tierra con mis propias raíces. Vi en la superficie muchas cosas que en el medio donde yo nací y me crié, estaban ocultas. Comprendí que no solo yo mismo, sino todo el medio en que he vivido, tenia muchas mas raíces africanas de lo que yo imaginaba. Y si no hubiese sido por este reencuentro, nunca hubiese sido consciente de esto, porque a nosotros nos han educado en la creencia de que nuestros orígenes son exclusivamente europeos, españoles, lo cual es cierto en un gran porcentaje, pero no totalmente. En Africa me encontré de nuevo con muchas cosas de mi infancia..."

Me pregunto, porqué dice

"cosas que en el medio donde yo nací y me crié, estaban ocultas"

oculta acaso está la preponderante densidad demográfica de lo negro en toda la costa Caribe?? Oculta está acaso en la música Caribe, su nítida, indispensable, evidentísima, bellísima raíz africana? O está oculto en nuestro paisaje demográfico el visible, el ubicuo, el constante mestizaje blanco-negro?. Pero, mas aún - y aquí talvez esté la clave sicológica de tan extraña negación de lo negro en G.G.M. - están ocultos para el mismo, los rasgos mestizos… de su propia familia?... los rasgos africanos de el mismo… visibles para todos?. (Obvio, nadie tiene porqué comentarlos, es una realidad demográfica común en toda Colombia… y el racismo a ese nivel de mestizaje es inexistente). Si, por aquí podría estar la clave, una secreta negación a la dosis africana en su propia sangre…vergüenza de su propia sangre… Alguien le oyó alguna vez decir que su cabello de apretados rizos, era herencia directa de los últimos reyes moros de Granada… Si, por allí parece ser la cosa…

El gran novelista que recrea tantos aspectos de nuestro mundo con su realismo mágico, usó en aquellos tres libros claves, una magia irreal para borrar, como un ilusionista, la raza negra. Raza que es parte esencial de un medio tan nuestro como pretende ser el mundo garciamarquiano. Y que le ha de ser evidente todos los días, consigo mismo ante la intimidad del espejo, en sus propias facciones.

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La anterior revisión a estas tres obras de la fama inicial de GGM – Cien Años, el Otoño y Eréndira – fue publicada – diciembre del 82 – en un suplemento literario de Bogotá, que ya no existe. Las objeciones que hubo se referían a que era algo políticamente incorrecto: el nombre del escritor ya sonaba como candidato al Nobel y el diario aquel no era ajeno a la justiciera campaña. Una sugerencia de semejante falla, podría pensar en su contra ante la Academia Sueca… Hasta algún lector me tildó de apátrida por plantear duda sobre algo tan significativo en quien ya se perfilaba como nuestro mas alto orgullo nacional…

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BREVE CRÓNICA DE LA REACCIÓN DEL ESCRITOR.

Unos años después de que G.G.M. obtuviera el Nobel, supe de la convocatoria de un congreso de escritores en la Habana. Reviví entonces aquello, completé mi análisis, redondeé mi artículo y lo envié a los organizadores del evento, debidamente vertido al formato de ponencia que se exigía. Aunque la mía se ajustaba además en tema, extensión y novedad total, (novedad total !... todo parecía haberse dicho ya sobre GGM…) no me lo aceptaron: en el programa oficial del evento, no apareció mi tema. Aún así, fui a la isla de Castro, tan solo como asistente al congreso.

Entonces, por casualidad bien usada, confronté - cara a cara – al escritor, sobre el espinoso tema. Fué en la universidad de la Habana, donde, sin relación con el evento literario, habían organizado algo con G.G.M. aprovechando su presencia esos días en la isla. Era una charla con periodistas del régimen y periodistas extranjeros (invitados por respetuosos… u obsecuentes, mejor dicho) ante un auditorio de quinientos estudiantes cubanos. Castro estaba presente, en discreta ubicación. Ayudado por alguien conocido, yo había distribuido un buen número de copias de mi artículo, un rato antes, entre los asistentes, con el explosivo título "García Marquez, la negación de una raza?". (Recuerdo: por la habitual precariedad en la isla, hice las copias en un viejo extensil, letra muy pequeña, renglones apretados, casi sin márgenes…. Creo que en tres hojas iba todo.)

Desde la víspera me las había ingeniado para que el escritor recibiera una copia. Entonces, en momento oportuno, allí en el escenario, a pocos pasos del escritor, un corresponsal negro de Puerto Rico, (mi conocido, previamente aleccionado por mí) trató de confrontarlo, cara a cara, blandiendo teatralmente la copia de mi acusatorio texto. Había el iniciado su intento preguntándole al Genio cuantos negros, cuantos mulatos alcanzaría a contar entre los jóvenes asistentes. Claro, G.G.M. entendió el tema, pues tendría bien presente mi artículo que seguramente había leído el día anterior.

- Se retira de aquí, o me retiro yo!

tronó iracundo, su dedo jupiterino indicándole salir al periodista negro. Castro, allí,

impasible. Aquellos otros periodistas, allí, impasibles.

Yo estaba en una de las últimas filas. Me paré sobre la silla y grité (no tenía ayuda de micrófono) – Señor… soy yo el autor – e imitando a mi amigo ya silenciado por un par de guardias, agitaba yo en el aire mi artículo. El público, expectante, se gira en sus puestos a verme. Entonces G.G.M., mas soberbio aún, señalándome con ese dedo poderoso, y – con histriónico movimiento – corriendo hacia el borde del escenario, repite

- Se retira de aquí, o me retiro yo! –

Castro, allí, impasible. No acababa el escritor de insistir en su orden, ahora para mi, cuando otros dos esbirros del dictador me sujetaron de los brazos, me bajaron de la silla, tapándome literalmente la boca. Me dejé, me sacaron. Claro, los mil estudiantes, sumisos ante un omnímodo poder dictatorial que bien sabían respetar, en silencio. Silencio total, claro, también de los periodistas invitados. Afuera, claro, me quitaron un maletín colmado con otra buena cantidad de copias que yo pretendía distribuir en el congreso de escritores, pues me iba yo - un rato después cuando concluyera lo que estábamos promoviendo - al vetusto y lujoso hotel en El Varadero donde aquel evento internacional se efectuaba. Casi huyendo, caminé unas treinta cuadras hasta la humilde casa de unos amigos, donde me alojaba. Al llegar, salían varios agentes, se montaban en sus motos. Mi habitación allanada, esculcada, como si fuera yo un delincuente. La dueña de casa había subido tras de mi: me miró como expresando lástima, alzó los hombros como expresando impotencia. Los agentes habían hallado mas copias del artículo.

- Se cree lo que es – me había advertido Margarita Garrido cuando yo alistaba viaje a la isla y le dí a leer mi artículo. – Te va a ignorar, no se de qué manera, para eso está en el feudo de Castro… - Y allí, bajo la protección de su íntimo amigo Fidel, si, no habría polémica posible. Pero - me digo ahora - así fuera en cualquier lugar del mundo… qué defensa podría dar de si mismo ante la evidencia contundente que yo revelaba al mundo, ante la verdad incuestionable de que en esas tres bellísimas obras, niega la raza negra, omnipresente en todo el mundo caribe de su literatura?. Claro, la única defensa posible, silenciarme.

Mi amigo el periodista borinquen, me contó luego: Castro se retiró casi a tiempo con mi expulsión. Nadie chistó nada, nadie dijo nada sobre el acusatorio artículo aunque todos lo habían leído, con seguridad, lo vi circular de mano en mano.

Y al salir, los guardias pedían a todos los universitarios las copias de mi polémico artículo. Claro, los sumisos estudiantes universitarios iban entregando, muy sumisos, las manoseadas copias. Igual, los periodistas esos. – Supongo que las quemaron – me dijo mi amigo. Y concluyó, patético - como Hitler quemaba libros, como Stalin, Pinochet y Franco y Mao, como los ayatolas de siempre y los papas e inquisidores de siempre… al fuego las ideas contrarias . - Ese día mi amigo comenzó a distanciarse de la revolución castrista. Esa noche halló su habitación también allanada, esculcada. Entonces entendí plenamente porqué el comité estatal del congreso de escritores había rechazado mi ajustada ponencia.

(El periodista borinquen murió mucho después, cubriendo como reportero de un diario mexicano - en la playa de Matanzas - algún episodio de los balseros que huyen a Miami.)

Ahora redondeo el tema que preocupaba a mi amigo: esas quemas, esas censuras a la libertad de mentes… continúan hoy día, a nivel virtual: en China, en el mundo árabe, en Corea del Norte, en Vietnam del Norte… censuran Internet. Ah, claro, en Cuba también.

GGM corrigió luego su inconsciente desprecio por lo africano. Durante muchos años se había avergonzado, sin darse cuenta, de alguna inocultable sangre africana en sus propias venas. Ya develado el secreto, no podría seguir demostrando complejo alguno de raza.

En efecto, no muchos años después, ante sus posteriores obras como "Crónica de una muerte anunciada", "El general en su laberinto", "El amor en los tiempos del cólera", hasta en la lamentable "Mis putas tristes" o en su ya senil y difícil autobiografía, habría yo de espulgar sus frases y habría yo de comprobar que lo negro no lo presenta ya como algo curioso, que no lo cuenta como cosa rara. Simplemente, está allí, como tantas otras realidades que muestra su escritura. Si - como alguien me lo advertía cuando inicié mis pesquisas - el inmenso, contundente, enriquecedor ancestro llegado del África es algo tan cotidiano en Colombia, en todo el Caribe, que no tiene porqué testimoniarse con énfasis alguno. Que no hay porqué señalarlo con el dedo.

Curiosamente (o explicablemente, Enrique Krause?) la publicitada biografía de G.G.M. que salió a librerías el año pasado, escrita por Gerald Martin, no comenta lo mas mínimo el episodio este que viví en La Habana. Talvez, como no pude llevar mi tema al congreso en el Varadero, Martin no supo de el. O, talvez, manes de la amistad, manes de otro intelectual mas arrodillado ante Castro…

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Afortunadamente siempre he apreciado la literatura con independencia de los criterios políticos de sus autores, con independencia de sus vidas privadas, de sus

complejidades o contradicciones humanas. Y pese a tan protuberante falla que hallé hace mucho en GGM, mi veneración por mi mas importante escritor de todo el siglo 20 en todo el mundo, ha seguido incólume.

No me es difícil esto, pues tampoco me afectan las veleidades fascistas de Borges para que sea "mi" otro máximo escritor. Ni el activismo comunista de Neruda para que sea "mi" máximo poeta, como no me molesta la vida privada de García Lorca, "mi" dramaturgo preferido del siglo XX.

Igualmente – en dimensión menor que la de tales Grandes - me desentiendo de las posturas racistas y oligárquicas y monárquicas de Álvaro Mutis y gozo con la calidad de su pluma… Mas bien me complace que siendo tales sus mañas, tenga su buen éxito pese al casi unánime "izquierdismo" de críticos y doctores y conciliábulos de la literatura. Mas que habilidades del marketing, veo en ello que el alto estamento intelectual tampoco se afecta con aquellas posturas excluyentes del admirable autor de Magroll el Gaviero.

F I N

de la crítica a García Marquez por su racismo contra los negros.

Eladio Valdenebro

elvalde@gmail.com / Tel. (57)3154202274 / Popayán, Colombia.