MUESTRA RETROSPECTIVA
DE ÁLVARO VICENTE GARZÓN LÓPEZ
Miércoles 21 de marzo, 2012
De: Mario Pachajoa Burbano
http://mariopbe.com/
mariopbe@gmail.com

Amigos:

Álvaro Vicente Garzón López, caucano, nacido en Popayán, presentará una retrospectiva de su obra como pintor y dibujante que muestra su afecto a Popayán. Esta es una faceta muy diferente por la que es muy conocido como experto internacional en asuntos culturales y educativos. El evento se realizará después de la Misa del Carguero el 30 de marzo, 2012, en la Casa Caldas de Popayán y durará abierta durante la Semana Santa.

Agradecemos al arquitecto Diego Caldas Varona por enviarnos la información y fotos.

Cordialmente,

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MUESTRA RETROSPECTIVA
DE ÁLVARO VICENTE GARZÓN LÓPEZ
NOTA BIOGRÁFICA
Por: Diego Caldas Varona
Popayán. Marzo 2012



Aunque Álvaro Garzón López vio la luz en Popayán, sus primeros años de infancia transcurrieron en el corazón del Macizo colombiano, en La Vega (Cauca) el pueblito de su madre. Allí contrajo, según él, el hábito irrenunciable de ser libre como el aire puro que se respira en esas montañas.
 
Estudió sus primeras letras en el Seminario Menor de los padres lazaristas de Popayán y luego en el Liceo de la Universidad del Cauca. La Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional en Bogotá le otorgó más tarde una Licenciatura en Artes Plásticas y su rendimiento académico lo hizo acreedor a la beca a Europa de su promoción. En Paris fue alumno de l’Académie Julien y del taller de grabado de William Whyter.

Recién llegado a la Ciudad Luz vivió su primera gran crisis de juventud: se había formado con la vocación del dibujo riguroso de concepción renacentista, y el centro de su canon estético era la figura humana. Todo esto se vio abruptamente contrariado por la moda reinante en ese momento en Paris: una manía por el arte abstracto generalizada y excluyente que declaró obsoleta cualquier otra forma de expresión artística. Y lo más grave es que esa novedad llegó hasta los bancos de las escuelas de arte.
 
Desorientado por lo que estaba pasando en la meca del arte, que así era considerado el Paris de aquel entonces, frustrado en su búsqueda estética, esa decepción fue el origen de una bifurcación vocacional que marcaría en adelante toda la vida: explorando otros horizontes académicos ingresó al Instituto Internacional de Relaciones Internacionales e investigaciones diplomáticas de la Sorbona
.
A partir de entonces viviría lo que él llama su “doble vida”: por una parte, una carrera burocrática internacional que culminaría como Director de las Industrias Culturales de la UNESCO en su sede de Paris y por otra, la llamada imperiosa de la pintura y el dibujo que siguió cultivando en el taller de su casa donde quiera que le tocó vivir a lo largo y lo ancho del planeta.

Popayán ha podido cosechar los frutos del amor que le tiene este hijo trashumante y casi siempre ausente: gracias a él la UNESCO ha hecho presencia en Popayán de diversas maneras: en asocio de la Junta Permanente pro Semana Santa inició del programa de fomento artesanal “Manos de Oro”; de la mano de COMFACAUCA, la red de bibliotecas públicas del Cauca recibió 20.000 volúmenes de obras de referencia en donación. Y dos galardones, difíciles de obtener pero que hoy han colocado a Popayán en el mapa del mundo: En 2005 la UNESCO declaró a Popayán “Ciudad Gastronómica” de la Red de Ciudades Creativas para la diversidad cultural y en 2009 las Procesiones de Semana Santa de Popayán fueron declaradas “Patrimonio Inmaterial de la Humanidad”.

Muchos payaneses asocian el nombre de Álvaro Garzón con estos logros. Pero hacía falta que la ciudad conociera la otra faceta de su “doble vida”: su obra como pintor y dibujante. Ahora que él permanece cada vez más tiempo en Popayán, otra muestra de afecto con su ciudad consiste en compartir con ella su obra artística. Esta muestra retrospectiva que recoge muchas facetas de su actividad creativa data de diversas épocas de su vida. Estas obras provienen de su propia colección, de colecciones privadas que poseen sus cuadros así como del baúl de los recuerdos del propio taller del artista.

Compartido entre su quehacer internacional y su taller de pintura, es natural que la obra de Garzón no sea tan profusa como la de un pintor de tiempo completo. Además él mismo confiesa que pinta muy despacio, que muchas veces un cuadro se queda inconcluso por varios años o para siempre… de hecho algunas obras de esta muestra no están completamente terminadas. Pero para el deleite estético ello no importa, al contrario, el boceto, la sugerencia, el trazo inconcluso, contienen a veces una magia más poderosa que la perfección de lo acabado.

Lo que importa esta vez es la invitación abierta del artista a compartir con él sus propuestas estéticas y su mundo interior en el espacio privilegiado de esta exposición retrospectiva. Un encuentro íntimo que sabrán apreciar los curiosos del arte, tanto payaneses como visitantes y en especial, los estudiantes de artes plásticas.

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