UNA CIUDAD SIN HORIZONTES DE IDENTIDAD
Jueves Santo 5 de abril, 2012
De: Mario Pachajoa Burbano
mariopbe@gmail.com

Amigos:

Luis Eduardo Ayerbe, nos envía comentarios escritos por Omar
Lasso Echavarría
sobre las consecuencias de la Constitución Nacional
en Popayán y retrata la fisonomía actual de la misma.

Nuestros agradecimientos para Luis Eduardo por facilitarnos el
escrito que hoy  reproducimos, con un tema de actualidad..

Cordialmente,

***

INTRODUCCIÓN
De: Luis Eduardo Ayerbe.
ayerbeluise@gmail.com

DESCRIBE LAS CONSECUENCIAS DE LA CONSTITUCIÓN NACIONAL EN POPAYÁN, Y RETRATA LA FISONOMÍA ACTUAL DE ESTA CIUDAD, HABITADA POR UNA PEQUEÑA COLONIA DE POPAYANEJOS DE VERDAD Y QUE DE VERDAD POCO O NADA HACEN POR SALVAR O RESCATAR O CONSERVAR O QUÉ SÉ YO, QUÉ HACER SIN PODER, SIN DINERO Y A VECES SIN CONCIENCIA DE LO QUE VERDADERAMENTE FUE POPAYÁN, POPAYÁN.............

LUISÉ.

***

UNA CIUDAD SIN HORIZONTES DE IDENTIDAD
Por: Omar Lasso Echavarría
Universidad del Cauca

Estimado Jaime, te envío este email de Jorge Bustamante. Una ciudad sin
horizontes de identidad. Escrito por un señor llamado Omar Lasso
Echavarría de la Universidad del Cauca. Tiene conceptos muy parecidos
a los nuestros sobre nuestra amada ciudad y los problemas actuales que
la aquejan. Esta, según dice, es la primera parte de la carta. Estoy
pendiente de la segunda parte.
Saludo cordial. Rafael

Popayán hoy (Primera parte).
Una ciudad sin horizontes de identidad
Por: Omar Lasso Echavarría
Licenciado en Filosofía
Universidad del Cauca

El propósito es hacer un análisis sin prejuicios, respecto a lo nuevo
y lo antiguo de la ciudad, aplicando una mirada fenomenológica,
desprovista, en lo posible, de valoración subjetiva.

Después del terremoto de 1983 y de la promulgación de la Constitución
de 1991 Popayán cambió el norte de su historia. El imaginario
glorioso que abrazaba a sus habitantes, de acendrada tradición
hispánica, entre familias vinculadas por lazos de consanguinidad y
alianzas matrimoniales, comienza a clausurarse hacia fines del siglo
xx. Primero por obra de la naturaleza, que redujo a polvo la ciudad
centenaria; segundo, por presión de nuevas fuerzas sociales,
económicas y políticas, expresadas a través de la nueva Constitución,
y finalmente, por el advenimiento de la postmodernidad global que
trajo consigo nuevos valores que debilitaron la historia, la
religión, el conservadurismo y todas las formas culturales
tradicionales que cohesionaban la colectividad. El concepto de finitud
instalado en su epicentro relativizó aquello que se tenía por
duradero, fortaleciendo al individuo como sujeto absoluto de donde
parten y a donde llegan todos los derechos; al tiempo que lo
liberaba para el pleno consumo de bienes y modas que se proponen a
diario.

El terremoto expulsó, en un primer momento, a gran parte de la élite
social, económica y cultural payanesa, en cuantía no determinada por
la estadística. Sus casonas derruidas por el temblor se transformaron
en parqueaderos o quedaron a merced de la maleza que hizo bosque
dentro de ellas o se vendieron al primer postor o se alquilaron a
diversas instituciones, urgidas del servicio.

Los nuevos habitantes que arribaron, de variada índole, traían otra
mentalidad, costumbres y hábitos. Llegaban a una tierra distinguida
con un imaginario prestigioso, intimidante, quizá, para la modestia de
la generalidad de los nuevos habitantes. Su condición de extrañeza
y soterrado rechazo los convertía en observadores pasivos o en
simples sujetos de negocios.

La Constitución de 1991 proporcionó el segundo sablazo a la ciudad
señorial, tradicionalmente regida por una élite ilustrada, en
consonancia con la vieja Constitución de 1886 que permitía la
designación de cargos por vía directa de los mandatarios de turno en
Presidencia, Gobernaciones y Alcaldías, práctica que se llevó a cabo
con criterios de parentesco, proximidad social y prestigio. Ello
configuró por siglos lo que se conoce como Ciudad Letrada, en la que
primaba una idea de nación homogénea en torno a ideas de patriotismo,
religión y civilidad, dentro de un contexto altruista, como valor
central de la civilidad, en que gran parte de las funciones públicas
se ejercían ad honorem, siendo ejemplo de ello los Consejos
municipales. El Proceso Constituyente, a finales de la década de 1980,
y la Constitución de 1991 resultante de sus deliberaciones produjo,
guardando las proporciones históricas, consecuencias similares a las
de la Revolución Francesa. Es así como, mientras ésta subía al poder
al estamento del Tercer Estado conformado por la clase baja
francesa, nuestro Proceso Constituyente colombiano daba poder,
también, a las clases populares, no en un sentido revolucionario, sino
más bien desde el punto de vista participativo en los procesos
clientelistas en el ejercicio del poder, aunque también le proporcionó
herramientas al ciudadano para la defensa de sus derechos individuales
y colectivos. Tanto allá como acá, Inicialmente, hubo caos en el
proceso de reconstitución de la nación sobre las nuevas bases
constitucionales, con la descentralización del poder y la fractura del
orden estamental tradicional.

Recordemos que nuestro Estado colombiano, antes de 1991, de acuerdo
con la Constitución de 1886, era representativo, mas no participativo.
Se elegía popularmente al Presidente, pero los cuadros de gobierno se
organizaban de arriba-abajo, en pirámide descendente. El Presidente
nombraba a los gobernadores y éstos a los alcaldes, quienes a su vez
nombraban a otros subalternos, en ramificación continua según el
orden jerárquico. Ello proporcionaba al gobierno unidad compacta, sin
fisuras en su interior, conservando y fortaleciendo el concepto de
castas estamentales que se reproducían en el tiempo. A esta práctica
se debió, en no poca medida, su legitimidad social y la cualificación
personal en el ejercicio de la función pública que tanto añoran
algunos en estos tiempos donde prima el voto sobre la cultura.

A partir de este momento saltan a la palestra política, con carácter
protagónico, los sectores populares, a través de la Democracia
Participativa, que erigió a los ciudadanos en sujetos políticos, en
tanto principio, medio y fin del estado, respecto a lo individual y
lo colectivo, bajo la protección de herramientas poderosas como la
Acción de Tutela, El Derecho de Petición y las Acciones Populares,
entre otros, además de la elección popular de Gobernadores y Alcaldes.
Debemos anotar, no obstante, que los anteriores mandatos no se han
cumplido a cabalidad en relación al ideal constitucional como
principio teórico-político. La nueva democracia participativa arrastra
los vicios consuetudinarios del clientelismo que halló, también, en
la nueva reforma política, los medios efectivos de fortalecimiento,
apoyándose en un estado y ciudadanía y colectividad débiles.

Muchas son las consecuencias que se desprenden del anterior contexto.
Destacamos las siguientes:

Primero.- El paso de lo ideal a lo pragmático, en cuento arribamos a
un sistema de necesidades, característico de los sectores populares,
como su condición existencial, usado y manipulado, desvirtuando de
este modo la función pública, al prevalecer los intereses particulares
sobre los colectivos. Este fenómeno se acentuó con el sistema de
contratación estatal, herramienta que consolidó las prácticas
clientelistas, convirtiendo la política en la principal empresa
económica del país a costa de un Estado mínimo para los ciudadanos y
sus comunidades. Este cuadro se agravó con el resto de males que afean
nuestro país: La inveterada violencia política, resultante de los
desajustes sociales, políticos y económicos históricos; el
narcotráfico; el paramilitarismo y la delincuencia común. Estos
fenómenos soy hoy lugar común en nuestro país, imbricados mutuamente,
según líneas transversales de complicidad. Su influencia devastadora
empezó por el campo, empujando las comunidades campesinas a los
sectores urbanos, cuyo tejido social se resquebrajó por completo,
dando paso a la fragmentación de las ciudades, al caos urbano, la
insolidaridad, la inseguridad y la privatización de la vida social.
Los residentes mejor establecidos han abandonado los antiguos espacios
públicos para recluirse en bunquers residenciales. De igual modo el
comercio formal cede a la presión popular y se instala progresivamente
en los hipermercados exclusivos, lejos de la contaminación popular.

Segundo.- El cambio de eje de la gran cultura por el del folklore,
siguiendo el orden de ideas de la primacía de lo popular, cuyo
antecedente se remonta a la ministra de cultura Consuelo Araújo, “la
Cacica” (año 2000), abanderada del Festival Vallenato.

Tercero.- Esta consecuencia se vincula con la Apertura Económica y la
Globalización que deterioró muchos renglones de nuestra economía y los
oficios tradicionales, rompiendo los circuitos económicos locales y
nacionales que garantizaban el intercambio y la redistribución de la
riqueza social. La Apertura Económica desarticuló las economías
locales, que mal que bien garantizaban un cierto equilibrio social.
Sin duda, nuestra economía es hoy más rica, en términos de Producto
Interno Bruto, mas no en cuanto a bienestar general, porque la riqueza
se concentró al igual que las utilidades. La mayoría de los
colombianos viven del rebusque y la asistencia social.

Popayán, capital del departamento del Cauca recibió el peso de estas
transformaciones de modo negativo, en proporción mayor a cualquier
otra ciudad colombiana, dadas sus características sui géneris de
conservadurismo y atraso económico, carente de industria para absorber
la demanda de empleo. El temperamento tradicional de su clase
dirigente, amante de lo contemplativo, los honores y las distinciones,
más que de las ejecuciones, poco ha contribuido al progreso de la
ciudad y el departamento. De nada ha servido producir el mayor número
de presidentes de Colombia, 17 en total, ni haber tenido una de las
mejores y una de las más antiguas universidades del continente, que
desafortunadamente hoy cede puestos de privilegio ante otras de mayor
empuje. De nada le vale, también, su extraordinario patrimonio
arqueólico, étnico, arquitectónico y museológico. Los grandes
proyectos forman parte de nuestro aire, los venimos escuchando a
través de décadas y décadas, como parte de la retórica política:
Popayán Ciudad Universitaria, Popayán Ciudad Turística, Popayán Ciudad
Convención, Popayán Capital Gastronómica, Popayán Jerusalén de
América. Algo de ello hay, pero en cantidad mínima, como en nuestras
empanadas y tamales de pipián a los que les falta la proteína.

¿Cuántos lustros habrán de pasar para resolver estas problemáticas? no
lo sabemos. Lo que sí tenemos claro es la urgencia del acompañamiento
del Estado y del Ministerio de Cultura para presionar el buen
gobierno local, el desarrollo cultural y la conservación del
patrimonio histórico, que ahora duerme el sueño de la bella durmiente.
La zona medular del Centro histórico, donde se ubican los museos,
sufre actualmente el maltrato de bullosas tabernas, conciertos
populares, ventas de galería y demás comercio informal que afecta
ostensiblemente la imagen del mejor sitio que tenemos para mostrar.
Las normas establecidas son impotentes en una ciudad que crece
acumulando el orden.

Añoramos el resurgimiento de la ciudad histórica y literaria,
esperando días mejores para reencontrarnos con su plenitud. A pesar de
todo, tenemos fe en una nueva y más rica reconciliación de Popayán y
todo el Cauca, sobre la base del pleno reconocimiento multicultural y
multiétnico.

Diego Castrillón Arboleda, su gran historiador, decía con respecto a
esta crisis: El espíritu de Popayán vencerá las fuerzas negativas y la
ciudad resurgirá con nuevo esplendor, porque Popayán es Eterna.

Omar Lasso Echavarría:

Licenciado en Filosofía – Universidad del Cauca
Fundador de Macondo libros y tertulia, con reseña en el periódico
Lemonde, París, agosto 9 de 1996 y en el libro Icì las-bas, Librairie
Meura, Lille, 2005. Autor del libro de cuentos La seducción y otros
relatos. Macondo libros, 2004, Popayán; y del ensayo La nueva poesía
en la crisis de la ciudad letrada, Popayán 1980-2005.
Llama de piedra.
Poesía contemporánea de Popayán. Felipe García Quintero (Editor),
Ediciones Axis Mundi / Ministerio de Cultura, Popayán, 2010.

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