LA PROCESIÓN VA POR DENTRO: III
SEMANA SANTA DE 1983
Martes 12
de abril, 2011
De: Mario Pachajoa Burbano
http://pachajoa.110mb.com/
mariopb@comcast.net

Amigos:

Del detallado artículo de Gustavo Wilches-Chaux sobre la Semana Santa en Popayán: "La procesión va por dentro" hemos tomado la parte que corresponde a la Semana Santa de 1983 cuando precisamente el Jueves Santo del 31 de marzo, ocurrió el terrible terremoto que destruyó la ciudad de Popayán. La fotografía nos la envió Rubén D Galvis, Hollywood Hills, Florida, USA, nuestros agradecimientos.

Cordialmente,

***

La Procesión va por dentro
Por Gustavo Wilches-Chaux
Fragmento.
Popayán, Noviembre 29 de 1999

Foto: El Tiempo/03/04/1983
“Ese año (1983) se habían realizado normalmente las procesiones del Martes y del Miércoles, al igual que los conciertos del Festival de Música Religiosa, que en ese año llegaba a su versión número XX. Por ser el Jueves Santo un día festivo en todo el país, y por supuesto en Popayán, los colegios, las oficinas y los establecimientos de comercio se encontraban cerrados y desocupados, y a las 8:15 de la mañana, la hora exacta en que se presentó el terremoto, la mayor parte de los habitantes de la ciudad se encontraban en sus casas, como es natural en cualquier día festivo a esas horas de la mañana. Lo cual resultó providencial, porque el mismo terremoto en un día hábil o en noche de procesión, cuando andenes, balcones y calles se encuentran abarrotados de gente, habría producido un número de víctimas mortales incalculablemente mayor..


El 31 de Marzo, sin embargo, varios centenares de personas habían acudido a misa de ocho a la Catedral, la cual, a la hora del sismo, todavía no había comenzado, porque una llamada telefónica detuvo en su despacho a monseñor Samuel Silverio Buitrago, en ese entonces Arzobispo de Popayán, quien la iba a oficiar. Como es bien sabido, la Catedral fue una de las edificaciones más afectadas por el terremoto y el desplome súbito y total de la cúpula hacia el interior de la iglesia y sobre el Altar Mayor, produjo la muerte de cerca de 60 personas en el lugar.

Ese día en la noche debía salir la procesión desde el templo de San Francisco, en cuyo interior se hallaban armados los pasos desde el Domingo de Ramos. El templo también sufrió daños de consideración, entre otros el desplome del campanario y la caída de la campana principal, pero ninguno de los pasos y ninguna de las imágenes resultaron afectados, a pesar de que en varios casos se abrieron los “burros” sobre los cuales descansan las “andas”, que se vinieron al suelo sin consecuencias mayores.

Ante el riesgo que significaba el posible derrumbe de la estructura resquebrajada, los organismos de socorro autorizaron el ingreso al templo de un número limitado de cargueros, encargados de rescatar los catorce pasos que en ese momento se encontraban en la iglesia. Don Mario Córdoba, hoy Presidente de la Junta Pro-Semana Santa, cuenta que fue necesario montar todo un plan de contingencia para dividirse y coordinar las distintas tareas, de manera que pocas manos pudieran hacerse cargo de un proceso en el cual normalmente intervienen varias decenas de personas y que incluyen desde movilizar los pasos, cuyo peso en muchos casos, como en el de La Crucifixión que forma parte de la procesión de San Francisco, supera la media tonelada, hasta desmontar y empacar los delicados y valiosos accesorios que adornan las imágenes.

Lo cierto es que lograron recuperarse sin mayores daños andas, sitiales e imágenes, al igual que sucedió con los pasos pertenecientes a la procesión del Viernes Santo, que también se encontraban armados y listos en la iglesia de Santo Domingo. Aunque ese año se hubieran pretendido sacar las dos procesiones que faltaban, habría sido imposible porque todas y cada una de las calles del Centro Histórico de Popayán por donde pasa la procesión, se encontraban totalmente obstruidas por escombros, además de que la gran mayoría de las edificaciones que circundan la ruta, constituían una amenaza para los transeúntes.

El año 1984 la realización de las procesiones y del Festival de Música Religiosa se convirtió en una prioridad tácita para todos los popayanejos, a manera de símbolo de que la ciudad continuaba completamente viva y de que iba a recuperarse del terremoto de 1983, tal y como se había recuperado de los terremotos de 1736, de 1785, de 1817, de 1827, de 1858, de 1885, de 1906 y de 1967, para citar solamente los más fuertes, a todos los cuales, dicho sea de paso, logró sobrevivir la iglesia de La Ermita, de donde sale la procesión del Miércoles Santo.

En efecto, la Semana Santa de 1984 no solamente fue una de las más solemnes de que se tenga historia, sino también una de las que mayor significado ha tenido para los habitantes de la ciudad. Transcurrido apenas un año después del devastador terremoto de 1983, Popayán se encontraba todavía sumido en ruinas, pese a lo cual, y sin que esta vez hubiera mediado el tradicional decreto de la Alcaldía Municipal urgiendo a los pobladores a enlucir sus fachadas, motu proprio los propietarios de las casas en ruinas o de los lotes que quedaron desocupados como consecuencia del sismo, hicieron blanquear sus semi--derruidas propiedades a todo lo largo del recorrido de las procesiones y reparar en los posible los muros que daban a las calles.

En ese momento, el maquillaje externo de la ciudad destruida --equivalente a la pulcra elegancia con que tantos hombres y mujeres de Popayán asumieron su estancia obligada en las carpas de emergencia mientras recuperaban sus casas— constituía un acto entre consciente e inconsciente de reafirmación popayaneja y una notificación expresa en el sentido de que este terremoto tampoco iba a poder vencer a la ciudad.”


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