LA TRAGEDIA DE DON PATOJO
Viernes 10 de junio, 2011
De: Mario Pachajoa Burbano
http://pachajoa.110mb.com/

Amigos:

Jaime Vejarano Varona, con su aguda pluma, nos relata la tragedia de Don Patojo
que depende el que se transforme en real, según los planes que ejecuten quienes toman
las decisiones.

Cordialmente,

***

POPAYÁN EN LA RECTA FINAL
Por: Jaime Vejarano Varona
Popayán junio 2011

“O larga y negra partida”

Don Patojo no pudo más y no quería ver el desenlace de esta tragicomedia que está sufriendo nuestra ciudad. El progresivo deterioro arquitectónico, humano, social, histórico y familiar en que se consumen tantas virtudes que distinguieron a nuestra querida Popayán.

Cuando se pensaba que nada más podría ocurrir en esta carrera desbocada hacia nuestra total consumición, viene una nueva estocada a su pasado glorioso, a su historia, a sus próceres. El sabio Francisco José de Caldas, mártir insigne que ofrendó su vida por la libertad, se queda sin casa. Se la arrebatan para convertirla en agencia de licores. ¡Quién pudiera creerlo!

Así que Don Patojo, desesperado y sumido en inmensa pesadumbre resolvió alejarse de su ciudad natal, la que tanto quiso. Y puso tierra de por medio. No quería ver, ni participar en la hecatombe de la ciudad gloriosa.

*

Hoy, tras una década de ausencia, año 2022, Don Patojo regresa a sus lares y esto es lo que le sucede.

Se encuentra en alguna esquina con un hombre ya endurecido por la vida, su cabeza blanca y profundos surcos pero ningún amago de sonrisa en su rostro.

Cuénteme, le dice Don Patojo, que hay del Popayán que dejé hace diez años. Existe aún el Paraninfo de la Universidad?

-Pues el edificio está allí. Lo que pasa fue que lo alquilaron para un gran depósito de panela. Bien rentado, eso sí.

Y el Parque Mosquera?

-Asómese usted qué bonito conjunto de casas de interés social que levantaron en ese lote.

Y las casas Valencia, Mosquera, Obando ?

También señor, están produciendo buen dinero. Se convirtieron en hospedajes para visitantes de paso que vienen a feriar cualquier cosa.

Bueno, y las Estatuas que había en la ciudad, unas doce, que pasó con ellas? -inquirió estupefacto Don Patojo.

-Pues le cuento: las recogieron todas, las arrinconaron en donde funcionaba la Junta Pro Semana Santa, que ya desapareció porque se quedó sin procesiones y pensaban mandarles a fabricar unas andas para organizar un desfile anual de próceres. Pero nadie se midió a cargar esos pasos tan pesados y entonces resolvieron mandarlas a fundir a una fábrica de ollas en Cali. Creo que les dieron unos buenos pesos, pero como que esa plata se perdió pues nadie supo a donde fue a parar.

Cuando me fui, hace diez años, había aquí un gran Archivo Histórico. Todavía existe?

-No mi señor. Si viera las toneladas de papel y cartón que sacaron de allí para reciclaje. Claro que las pagaron, no se qué tanto, pero fue buena plata. A que bolsillo llegó? Hummm!

Y dígame, donde puedo conversar con algunos popayanejos?

-Popayanejos? …. Ah! No, de esos ya no queda ninguno. Todos se fueron llorando y dijeron que ya no volverán.

Después de lo escuchado no se atrevió a preguntar por la Cruz de Belén.

*

Hasta allí llegó Don Patojo. Se desmadejó, quedó sin aliento, cayó al suelo cuan largo era y casi se le va la respiración.

Cuando se repuso pidió que lo llevaran al Terminal de Transportes y huyó despavorido de su ciudad natal.

Hoy vive rumiando recuerdos en un sanatorio mental.

Jaime Vejarano Varona.

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