¡A POPAYÁN HAY QUE CAMINARLA!
Viernes 4 de febrero, 2011
De: Mario Pachajoa Burbano
http://pachajoa.110mb.com/
mariopb@comcast.net

Amigos:

Aleyda Rodríguez, filósofa enfocada en el análisis de las dinámicas
sociales, escribió un hermoso articulo: "A Popayán hay que mirarla
y caminarla"
acompañado de excelentes fotografías, (favor hacer
clic) publicado por Proexport COLOMBIA, del cual transcribimos
apartes del mismo.

Cordialmente,

***

Proexport COLOMBIA
A Popayán hay que mirarla y caminarla
Escrito por Aleyda Rodríguez
Extractos
Viernes 29 de Mayo de 2009


“Linda casita de aldea de blanco color, con sus tejas rojo fuego que hablan del amor”
(de una canción española)

El recuerdo más vívido que me dejó esta ciudad de paredes blancas y tejas rojas de barro, no parece ser tanto una sensación, algo estrictamente ligado a alguno de mis sentidos…. no, no es su blancura lo que más recuerdo, ni sus hermosos faroles en la noche, ni su silencio y quietud tan propios de una ciudad del interior, ni su liberalidad, única en el país.

Popayán evoca en mí por sobre cualquier cosa las ideas de cultura y tradición. Recuerdo que camino del puente del Humilladero, en una de las paredes de la Universidad del Cauca encontré un grafitti que decía “Tus paredes son blancas, pero tu conciencia sigue siendo negra”. Esto es Popayán, una ciudad culta hasta la médula, en donde las paredes hablan también con inteligencia. Cuna de varias de las mentes más célebres de éste país, el poeta Guillermo Valencia autor del colombianísimo poema Los Camellos, el escultor Edgar Negret (vínculo), el sabio Caldas y Camilo Torres.

La arquitectura de la ciudad permanece intacta. Es mezcla patente de pobladores indígenas, asentados en las faldas de la cordillera hace siglos, y de poblaciones negras descendientes de los mercados de esclavos que funcionaban muy cerca del puente del humilladero y en la plaza que aún es mercado de la ciudad.

Pero si fuera necesario extender mi descripción, diría que Popayán es una ciudad armoniosa. Sus gentes son cultas y reservadas, sin llegar a ser parcas ni distantes. Y es armoniosa porque en su arquitectura hay, por sobre todo, proporción y orden. Sus paredes siempre lucirán religiosamente blancas, un espacio apto para caminar.

Si, a Popayán hay que caminarla, silenciosamente. La historia habla en sus calles, no hay que ir a buscar nada, porque su belleza está allí ante los ojos. En una esquina está la torre del reloj, símbolo de la ciudad, de repente ve la Ermita, luego ve la iglesia de Belén, en cada esquina tropieza con iglesias y hoteles de arquitectura deliciosa, y como no, con su imponente Catedral, testigo de que la ciudad sigue en pie, aún después del desastre del 1983.

Y si está de buenas y la mañana le regala un cielo despejado, puede levantarse al otro día, abrir su ventana y encontrarse con este gigante frente a los ojos, el volcán nevado del Puracé.

Mi plan recomendado es salir a ver Artesanías “ahí frente a bomberos”, por ahí a las seis de la tarde salir a comer algo, si es Semana Santa esperar las procesiones y luego ir al Parque Caldas. Este sitio es el mejor para ver transcurrir la vida de los payaneses entre emboladores, fotógrafos, carros de helados y raspaos y sus tradicionales campanitas, y como no, para tomarse una cerveza. No puede irse por ningún motivo sin comer dulcecitos donde carmelita, dulces típicos de la región, panes de carne, panelitas, tamales y kumis, liberales, y por supuesto las míticas "empanadas de pipian".
 
Como dato curioso, debe saber que la ciudad es el ÚNICO lugar de Latinoamérica que ha sido declarado por la UNESCO como Ciudad de la Gastronomía , no sólo por su gran oferta, sino también porque también hay tradiciones antiquísimas ligadas a su comida: las carantantas, los aplanchados dulces de doña Chepa, una señora de 88 años que los prepara desde hace 72 en el centro histórico, el salpicón que sólo encontrará en otro de los sitios típicos del lugar y que se prepara de la misma manera desde hace 250 años con mora, lulo, guanábana y azúcar y cuya única variación es que el hielo raspado que se usa ya no es traído desde el volcán nevado Puracé.

Visite Pueblito Patojola ermita, el Teatro Guillermo Valencia, el Museo de Historia Natural, La Iguana si es fanático de la salsa. No voy a contarle como llegar allí, pregunte, que en Popayán a todo lado se llega preguntando. Camine por sus calles y vívala. Si Ud es curioso y afable, estas calles y sus habitantes le contarán toda la historia que guardan estas blancas paredes. Váyase por ahí a andar, porque a Popayán hay que mirarla y caminarla.

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