V CONCURSO DEPARTAMENTAL DE CUENTO 2011
Viernes 21 de octubre, 2011
De: Mario Pachajoa Burbano
http://pachajoa.110mb.com/
mariopbe@gmail.com

Amigos:

Mg. Marco Antonio Valencia Calle, Coordinador del V Concurso departamental de cuento, nos ha enviado información sobre el Concurso, de la que hemos tomado las siguientes notas.

El Programa Caucanízate ha organizado el  V Concurso Departamental de cuento y con base del Fallo del Jurado ha declarado ganadores del mismo en categoría Docentes a: Alexandra Molina Trujillo, cuento "Hilos de Aura", de la Institución Niño Jesús de Praga. Primer Finalista: Diego Andrés León, cuento "Mito Rojas", Institución Educativa Granja Escuela Amalaka de Totoró. Segundo Finalista: Isidora Chito Ijají, cuento: "El amor rompe barreras", Institución San Francisco Javier de San Miguel de La Vega, Cauca. Tercer Finalista: Edilma Margot Muñoz Gómez, cuento "Las voces del silencio", Centro Los Árboles de La Sierra, Cauca.

Categoría Estudiantes:  Ganador: Mario Alberto Dulcey Idrobo, "El zapato que no quería ser zapato", Institución de Chisquio – Tambo. Primer Finalista: Gloria Fabiana Andrade, cuento Big, L16-08, Institución José Eusebio Caro de Popayán. Segundo Finalista: Karen Manuela Tróchez Suarez, cuento "Los pequeños valientes", Institución Promoción Social de Timbío, Cauca. Tercer Finalista: Cecilia Peña Troyano, cuento "El gallo y el dragón", del Colegio Metropolitano de Popayán.

A continuación transcribimos el Cuento ganador, Categoría Docentes.

Nuestros agradecimientos para Marco Antonio y felicitaciones por la Coordinación del Proyecto.

Cordialmente,

***

V Concurso Departamental de cuento
Programa Caucanízate
Cuento Ganador. Categoría Docentes.
Hilos de Aura
Por: Alexandra Murillo Trujillo, Comunicadora Social.
Docente del Instituto Educativo Niño Jesús de Praga
Septiembre, 2011. Popayán.


Si esos recuerdos te perdonaran esta habitación no estaría plagada de muertos y deudas.

Saliste así, como de repente, no me dijiste más. ¿Era broma? Volviste al atardecer. Aura, habías olvidado que el amor se desliza de las manos cada vez que se le aprieta con fuerza. Esa mañana apenas si levantaste la cabeza.

En otros tiempos solías regañarme con esos ojos de almizcle fresco, sentarte en la silla grande, levantarte, contonear las caderas, caminar lento y regresar al cuarto, entrar al baño, limpiarte la piel del sudor y el sexo. Esa mañana de fríos y finales no hiciste nada de eso, sólo tomaste café. Disfrazaste la desnudez con algarabías en ese pelo crespo, tomaste las llaves y saliste.

Un año, ni siquiera un año, diez meses habías estado habitando este lugar en mi cama. Llorábamos y cantábamos. Te gustaba amarrarme a tus ojos, traerme con promesas. Te gustaba fumar y tirar la ceniza en la ventana, no hacías caso del cenicero, eras feliz agarrando los dedos de los niños, las narices rojas y los globos en el circo, los gatos blancos. Te gustaba mirarnos en las ventanas, correr como si todavía fuéramos lo suficientemente jóvenes. Cuánta vida me venía de ti, Aura.

Te gustaba recoger amaneceres sin ropa, levantarte y hacer el amor a esas primeras horas. ¡Qué frío! Decías. Entonces tomabas mis manos, las levantabas, hacías aviones con ellas, las elevabas en el aire para aterrizarlas en tu pecho. Te gustaba el sonido de las campanas, el olor a las azucenas, la arena caliente, los pies descalzos, mirar los frutos amarillos, tu cuerpo tendido, bañarte en azúcar.

Creías en las palabras, en los libros, en las fotografías de las plazas. Aura, te gustaba el silencio, la lealtad. Yo no te engañaba del todo mi amor, me gustabas más tú con tus acertijos. No te mentía, eran una suerte de racionamientos para el invierno, para el tiempo de frío.

De repente, no era tu vida. No ibas en serio cortando flores y risas. Ya no querías campanas ni narices rojas de payasos, ni miradas, ni promesas, ni te hacía frío, ni eras joven. Ya no podías ir en serio.

Pagaste el sepelio, tu propia mortaja, no lo dijiste. Lo tenías pensado. Armaste la idea desde el primer momento, desde esa última pelea que consumaste en silencio. Tres de la tarde, los tarros de quejas y las gotas queriendo entrar, cayendo al abismo. Desánimos continuos como los solías llamar. Se te llenaron todos los tarritos imaginarios mi amor, todos los tarritos de las cuentas por cobrar.

Clara, Eliza, Laura, María, ellas, rondándote por esa cabeza estallada mi amor. No había más amaneceres. Llegaste tarde, ya lo sé, por el embotellamiento, porque te pararon los polis, porque tenías mal humor, maldita música que sonaba tan fuerte, tú y el silencio, tú y los semáforos en rojo. En rojo para todo.

Llegó la tarde con vos a cuestas, te tomaste otro café, tal vez el tercero o cuarto del día, mientras yo leía el periódico. Te levantaste de la silla sin soltar la taza. Vinieron a tocar la puerta, tuve que atender. Comenzaste la procesión en silencio. No podía dejar que te fueras Aura, tenía que llenarme de fuerza. Ese pelo crespo, esas ondas, Aura, siento por ti una pobre palabra que me despedaza las noches. Tengo por ti una piel acabada, se me viene por tu causa al oído un murmullo de mar desnudo, a los ojos un ardor de gestos postrados, a la boca una tormenta de silencios y angustias.

No te aflijas más Aura, déjame sanarte, no llores. ¡No te sueltes así Aura! No te ahogues, no te arranques. ¡Deja de resistir! Esos hilillos de sangre que te corren Aura. No tenías que recurrir a la histeria, ni al miedo, ni a las lágrimas mi amor. Pudo ser menos doloroso. La precisión de mis manos, me siento un poco como Dios, he cerrado tus ojos de almizcle, eres mía. Es el más bello acorde de guitarra, el mejor de los libros. Es justo una experiencia para morir un poco y no tardar.

Alexandra Trujillo Murillo.

 
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