UNA GRAN DAMA: DORITA
Martes 17 de mayo, abril, 2011
De: Mario Pachajoa Burbano
http://pachajoa.110mb.com/


UNA GRAN DAMA
Washington, D.C., mayo, 2011

Hace algunas décadas nació en Boyacá, Colombia, una vivaracha, alegre y dulce niña que alegró la vida de sus padres y su hermanito mayor. Con el correr de los años y al calor de su distinguida familia de cinco hijos, sobresalió en las dotes de un ser humano caritativo, hogareño, familiar, amistoso. Con la prematura muerte de su padre, jovencita empezó a trabajar en varias empresas, alcanzando la Secretaría Ejecutiva de la Presidencia de una importante empresa descentralizada de su país. Allí se distinguió por la seriedad en su desempeño, competencia, delicadeza en el manejo de las relaciones de las actividades de la misma y su gran compañerismo con sus colegas.

En la empresa conoció a un ingeniero que llegó ha ser su esposo; acompañándose mutuamente en las actividades de una vida sencilla, alegre y llena de logros y el nacimiento de su hija e hijo.

Su esposo había aceptado un importante cargo en una organización internacional en la capital de USA y la familia se trasladó con él. En este nuevo país la Dama en mención se enroló en actividades de atención a los menos favorecidos particularmente a Colombia y ocupó una posición en la Embajada de su país por varios años. En los años siguientes, con cada día que pasaba, nuevos y queridos amigos la rodeaban llenos de cariño, deferencia y distinción.

Su vida cambió drásticamente al diagnosticársele a su hijo leucemia. Durante los 18 años siguientes estuvo pendiente de él, de día y de noche, acompañándolo, por largos meses, a los diversos centros importantes en el tratamiento de la horrible enfermedad en los hospitales y centros especializados de las distintas ciudades y lugares de los Estados Unidos. El 4 de abril de 1999, día de Pascua de Resurrección del Señor, su hijo entregó su alma a Dios, dejando a la Gran Dama, su  esposo, hija, familia y amigos, en el dolor.

Difíciles fueron los siguientes años; a Dios gracias recibió un extraordinario lenitivo en el nacimiento de sus dos nietos. Una vez jubilado su esposo y en los años subsiguientes, viajaron por el país y el extranjero en compañía de su hermano médico y su esposa. A la sombra del recuerdo, inolvidables y alegres fueron esos años.

Para la primavera del 2011 programaron un crucero por el oeste del Caribe para la celebración de los 50 años de feliz matrimonio y el cumpleaños de la inolvidable Dama. Así lo emprendieron con su hermano, esposa, sobrino y esposa. Todo el crucero transcurría en medio de la alegría, felicidad y a completa satisfacción de los seis. Hacía mucho tiempo ella no expresaba su cabal agrado en forma tan espontánea y abierta.

Después de un festivo almuerzo los seis se retiraron al descanso. Intempestivamente ella le pidió a su esposo le llamara de inmediato a su hermano por sentirse muy mala pues sentía dificultades al respirar.  Inmediatamente vinieron, además de sus familiares que se encontraban en el barco, los paramédicos y el médico del barco. Después de un tiempo que pareció eterno, el médico comunicó a los presentes: esposo, hermano y esposa, sobrino y esposa, que la Gran Dama había fallecido. Eran las 5:28 de una tarde luminosa y mar tranquilo, frente a Honduras, dos días antes de su cumpleaños, miércoles 4 de mayo y aniversario de la muerte de su hijo.

La Gran Dama se llamó en vida Dora Inés Malagón de Pachajoa. Sus cenizas se encuentran, cumpliendo su deseo de años, en la misma tumba que ocupa su querido hijo en el Gate of  Heaven Cemetery en la zona metropolitana de Washington, USA.

Su amantísimo esposo, quien escribe con dolor estos párrafos, Mario Pachajoa Burbano, y familiares, se encuentran abrumados por la valiosa e invaluable cooperación de los amigos y amigas en la preparación de las ceremonias fúnebres y atención a las visitas de condolencia. Así mismo por las numerosas llamadas telefónicas y notas de simpatía y sentimiento, que han estado recibiendo. Todos ellos y cada uno, ocuparon un puesto notable, de orgullo y de distinción en el gran corazón de la Gran Dama.

Mario Pachajoa Burbano

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