¡ÉRASE UN VALLE VERDE Y FELIZ!
Jueves 7 de octubre, 2010
De: Mario Pachajoa Burbano
http://pachajoa.110mb.com/

Amigos:

Jaime Vejarano Varona, escritor, poeta, autor de libros históricos, evoca en el
presente articulo con precisión, los lugares que tenia la ciudad de Popayán en su
época Magna, rica y que lo hicieron famoso e importante en los sucesos de la
historia de Colombia. Nuestros agradecimientos para Jaime.

Cordialmente,

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¡ÉRASE UN VALLE VERDE Y FELIZ!
Por Jaime Vejarano Varona
Popayán, octubre 2010

Será esto, acaso, un espejismo?

Regresar en el tiempo y redescubrir la niñez y la juventud plenas de sencillas y emotivas evocaciones, es uno de los ejercicios más gratos con que suelo solazarme en esta etapa otoñal de mi existencia -ya sobre los ochenta años- cuando el sosiego se convierte en filosofía vital.

Llega el momento en que se superan las aspiraciones: ni aceptar cargos ni asumir encargos. Nada de vanidades, ni ansias de figurar o de recibir reconocimientos u homenajes. Simple y llanamente mascullar viejos recuerdos.

Así, me puse a soñar con el paisaje en que tuve la feliz oportunidad de crecer y comencé a recorrer espacios en los cuales me desenvolví en mis primeros años.

Este hermoso valle de Pubén en que se hoy asienta nuestra ciudad y que por entonces fue - si acaso- una aldea en su contorno físico pero un espacio grandioso en que el ejercicio mental era el ozono que se respiraba, formó el talante de nuestra ciudad y el talento de sus moradores. Y paseé por sitios ocupados hoy por la jungla de cemento que excedió a su tradicional perímetro de unas ochenta manzanas enmarcadas por esas “plácidas colinas” que describiera el poeta soldado don Julio Arboleda.

Amenas estancias rurales en su entorno complementaban nuestro paisaje: fincas de grata recordación como “Llanolargo”, que alguna vez sirvió de campo de aterrizaje; “El Guayabal” de la familia Mosquera y Velasco donde perros cancerberos ahuyentaban a las muchachadas que iban a azotar los árboles; “La Esmeralda” y “San José” de don Fabio Grueso; “El Achiral” (coloquialmente llamado El Garridal) de la familia Garrido, con el más limpio hontanar de aguas cristalinas y puras que yo haya conocido: ”La Churrusca”; y la Avenida del Cementerio con sus frondosos y elevados eucaliptos evocados bella y magistralmente por Rafael Tobar Gómez en su hermoso libro “Cuando Florezcan los Eucaliptos”, Y el gran huerto de los hermanos Maristas de la escuela San Camilo pletórico de árboles frutales, . lugares todos ellos ubicados al occidente de la ciudad.

Y en el sur, junto a “Los Tejares” de don Otón Sánchez, “El Refugio” del Maestro pintor Efraín Martínez, camino al bañadero y paseadero familiar del río “Los Dos Brazos” la “Casa Caldas” en Calicanto, “La María” de la familia Ávila Ordóñez; la Lomita de la Virgen ; “La Ladera” campo histórico; Moscopán y La Loma del Azafate, asentamientos primigenios de la ciudad.

Y hacia el norte quién no recuerda las hermosas viviendas familiares de la “Hacienda Belalcázar” con su enorme y señorial casona, morada campestre del poeta Guillermo Valencia, “Campamento” de don Aníbal Mosquera, “La Vega de Prieto” junto al viejo puente del río Cauca, donde se reunían las familias en los inolvidables “paseos de olla”con tiples y bandolas; “Barranquilla” de Tomás Castrillón Muñoz; “La Estancia” hacienda histórica que servía de albergue ocasional a ilustres personajes que venían a Popayán; “Machángara” y “La Cabaña”, recreativos sitios de paseo; “El Recuerdo” de las hermanas Alegría; “Yambitará” de la familia Valdivieso, “La Jimena” donde moró por algún tiempo el Obispo Salvador Jiménez de Enciso Cobos y Padilla, quien siendo español y realista adhirió a la causa libertadora y en cuya memoria recibió ese nombre; “La Virginia” de la familia del ingeniero José Tomás Angulo; la cantera y las chorreras del Campestre. Y ya más hacia el norte “El Tablazo”, “Bello Horizonte” y “San Bernardino” de Camilo Varona ésta última; “El Placer” y “Calibío” finca historiada donde se llevó la célebre batalla contra Sámano, inicialmente de don Julio Arboleda y luego de la familia Simmonds.

Al oriente de la ciudad el hermoso “Morro de Tulcán”, eminencia posiblemente construida por nuestros primigenios habitantes en honor de sus ancestros y sobre la cual, hollándola indolentemente bajo los cascos de su caballo, se halla la estatua ecuestre del fundador don Sebastián de Belalcázar, soberbia escultura del Maestro Victorio Macho; y “Tulcán”, “Las tres Cruces” y “Belén”; y “Pomona” y “El Arenal”.

Retraigamos a la memoria esta bellísima campiña que rodeaba a nuestra ciudad y embriaguemos de nostalgias al repetir con el poeta soldado don Julio Arboleda:

“Hay un valle feliz, su tierra ondula en continuas y plácidas colinas que la brisa al pasar besa y adula” …… ”Y al fin de aquel edén verde y riente, la ilustre Popayán alza la frente”


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