28 DE JULIO - 1 DE AGOSTO 1810
Jueves 9 de septiembre, 2010
De: Mario Pachajoa Burbano
http://pachajoa.110mb.com/

Amigos:

Regina Varona Gaviria, abogada, historiadora (investigadora), escritora,
Directora fundadora de la Fundación "Amigos del sabio Francisco José de Caldas"
ofrece a sus lectores un resumen de los acontecimientos que siguieron a los
acontecimientos del 20 de julio de 1810.

Cordialmente,

***
 
28 DE JULIO - 1 DE AGOSTO, 1810
Regina Varona Gaviria
caldasia4@gmail.com
Escrito por Especial para El Liberal
domingo, 05 de septiembre de 2010



Calle Real en Santafé de Bogotá.

Día 28 de julio de 1810.

La tranquilidad pública continuó todo este día. Por la noche el venerable Clero de la capital manifestó los sentimientos de patriotismo y de fidelidad que lo animaba para con el nuevo Gobierno, por medio de una orquesta y fuegos de artificio. Varios miembros de la Junta Suprema se presentaron en las galerías de las Casas Consistoriales, y el Vocal D. Frutos Joaquín Gutiérrez arengó a su nombre al Clero y al numeroso pueblo que había concurrido a solemnizar estas demostraciones. Siempre admiraremos la brillantez de expresión, la extremada facilidad de producirse y la solidez de las ideas en los discursos repetidos de este patriota infatigable. Mucho le debe la Patria, y mas la pluma de los diaristas para perpetuar la memoria de sus servicios. El nombre de Gutiérrez nos es grato, está repetido en este Diario, y se repetirá muchas veces.

Día 29 de Julio de 1810.

¡Desgraciado del pueblo que confía en sus propias fuerzas! ¡Desgraciado del pueblo que, hinchado con sus victorias, atribuye al buen suceso en sus acciones la sabiduría de sus consejos! Dios se complace en confundirlo y en hacerle sentir su debilidad y su nada. Penetrado este pueblo religioso de estas verdades, se reunió en el templo del Señor a reconocer su dedo poderoso que había derribado a los tiranos y que lo acababa de salvar de las manos de sus enemigos. La Junta Suprema en Cuerpo, presidida de su Jefe el Dr. D. José Miguel Pey, con toda la pompa y aparato que en tales circunstancias se acostumbra, solemnizó esta piadosa ceremonia. El Dr. Don Santiago Torres pronunció un discurso lleno de unción y de las más grandes verdades de la Religión. El concurso fue numeroso, y en todos se manifestaban los sentimientos religiosos, unidos a la satisfacción y al contento.

Día 30 de julio de 1810.

El pueblo ya gozaba de una perfecta serenidad, fue sobresaltado de nuevo por haberse esparcido el rumor de que los Oficiales del Batallón Auxiliar habían concebido el proyecto de sacar a los ex Virreyes de la prisión en que se hallaban. Fue preciso que muchos ciudadanos acreditados y queridos del pueblo por su amor a la libertad le hiciesen ver que ésta era una impostora forjada por algún enemigo del Cuerpo Militar, que había dado tantas pruebas de adhesión al nuevo Gobierno, contribuyendo decididamente al buen éxito de nuestra revolución. A las doce del día estaba todo tranquilo.

Pero la reunión ocasionada por aquella falsa noticia volvió a dar energía al pueblo, que se alarmaba justamente cuando creía en riesgo su libertad, aún no bien conquistada. Se había dispuesto por la Suprema Junta que el primero de agosto marchasen a Cartagena los ex Ministros Herrera, Carrión y Mancilla; para el Socorro, Alba y Frías.

Apenas el pueblo entendió esta determinación, mostró inquietud por la salida de estos Ministros, que eran el objeto de su resentimiento. Decía muchas veces !Que paguen en este suelo los excesos que en él han cometido!

La Junta Suprema, que procedía con madurez en todas estas convulsiones populares, vio que convenía diferir la salida de los ex Ministros, y publicar los fundamentos de esta medida saludable.

Día 31 de julio de 1810.

El pueblo, dócil a la autoridad, se serenó con un bando que hizo publicar la Suprema Junta. En él se decía que nada interesaba tanto a la salud publica como apartar de nuestra vista estos objetos de inquietud, que mantenían al pueblo y al Gobierno en una continúa alarma y expectación; que unos irían a Cartagena, donde se mantendrían a disposición de esta Junta, y otros al Socorro, donde serían juzgados conforme a las leyes.

Día 1º de agosto.

Bien temprano se vio un pueblo numeroso reunido en la plaza para presenciar la marcha de los ex Oidores. La caballería nacional se formó en filas con sable en mano para poner en respeto a todos y ejecutar las órdenes del Cuerpo Soberano.

Como a las 11 del día fueron sacados de la cárcel Herrera, Carrión y Mansilla, y escoltados de un trozo de caballería, tomaron el camino de Cartagena. El pueblo veía esto con tranquilidad. Esperaba otro espectáculo mas grande y que debía de satisfacer mejor su enojo. Tal era la salida de Alba y Frías para el Socorro. Cerca del medio día, con la correspondiente escolta, siguieron estos infelices para su destino. Un pueblo numeroso los acompañaba, advirtiéndose en medio del bullicio moderación y decoro.

Si en la mañana de este día se observaron movimientos de severidad y de justicia, en la tarde no resonaron sino vivas de alegría con la entrada del Comisionado Don Antonio Villavicencio.

La capital, que antes del 20 de Julio esperaba a este ilustre americano como el consuelo de sus desgracias y como el remedio de sus opresiones le miró después como a hijo de la Patria, como a un militar de honor, y lo recibió con pompa y en medio de las aclamaciones mas lisonjeras.

Las mujeres y familia de Herrera y Carrión siguieron en pos de sus maridos. Todo fue humanidad para con estas desgraciadas. Don Miguel Pombo recogió algunas cantidades para la de Carrión; El Vocal Gil le hizo también un donativo considerable; Don Pedro Groot obró con igual generosidad, y la misma Suprema Junta ordenó que se les diese un socorro pecuniario para que hiciesen su viaje con comodidad.


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