CARTAS DE AMOR DEL SABIO CALDAS A SU ESPOSA.
Jueves 13 de mayo, 2010
De: Mario Pachajoa Burbano
http://pachajoa.110mb.com/

Amigos:

Regina Varona Gaviria en su articulo "Caldas, el creador de palabras que enamoraban", como un homenaje al Sabio Francisco José de Caldas y a su esposa María Manuela Varona Varona, publica las cartas de amor del Sabio a su esposa, de las cuales reproducimos tres.  La unión se celebró por poder el 13 de mayo de 1810.

Cordialmente,

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Caldas, el creador de palabras que enamoraban
Escrito por
Regina Varona Gaviria
Especial para El Liberal
domingo, 09 de mayo de 2010
Fragmentos.


Santafé y Mayo 21 de 1810
Mi esposa, mí adorada Manuelita:
Yo creo que Usted es mía y yo de Ud.
Mi corazón nada en placeres y en júbilo ¿yo dueño de la bella y virtuosa Manuelita? el día 13 de Mayo hará época en el discurso de mi vida. Este día he jurado fe, amor, estimación a mi dulce Manuelita a la faz de la Iglesia, y en este día me la ha jurado Usted a mí. Ya tenemos, ya nos une un lazo que ninguno puede cortar. Feliz cadena la que me liga a mi adorada Manuelita.

Solo suspiro por abrazar y unirme a mi esposa, a mi amada. Rompa de todos la cadena y marche a donde la espera su amoroso José. No vivo, mi Manuelita, hasta que no descanse en sus brazos.

Haré todo lo que Usted me manda, y no perdonaré diligencia para el asunto de Valdés.
Ya doy las órdenes a Don Antonio Arboleda para que le de a Usted cuanto necesita para su viaje. Usted no tenga la menor cortedad para proveerse de todo. Yo quiero que Usted venga con comodidad y con decencia. Usted es dueña de mi corazón y lo será de cuanto tengo.

Dulce, deseada Manuelita, adiós, que no hay tiempo para más. Salude Usted con todas las veras de mi alma a mi señora María Ignacia, (María Ignacia Varona Fajardo) que respeto como a madre.
Su fiel y amoroso esposo,
José.

Santafé Mayo 6 de 1810
Mi dulce Manuelita:
¿Podré ya decir a Usted sin temores y a boca llena mi esposa? ¿Se habrá ya celebrado nuestro contrato? ¿Estará ya echado este lazo, esta cadena tan deseada? ¿Para que dilatar un día lo que hace nuestra felicidad? ¿No sería mas justo que yo ya fuese esposo y usted esposa? Mi Manuelita, no dilatemos mas lo que hemos de hacer mañana. Ojalá sea esta la última carta que escribo a Usted como amante y que comience las de esposo.

No extrañe Usted, mi bella Manuelita, que no le haya hablado de mi viaje a conducirla. Una cadena inmensa de obligaciones me liga a este suelo. Ardo en deseos los mas vivos, de ver, de abrazar, de besar sus manos y sus pies, y de unirme a usted hasta la muerte. Ha su tío Don Agustín (Dr. Agustín Varona) y mi amigo comunico los motivos que me impiden complacer a la dueña de mi corazón. Usted tiene talento hable con él y quedará convencida de que no es posible de que vaya a Popayán. Usted me hallará en el camino si, pero no en Popayán. Perdone, mi bella Manuelita, esta resistencia. Los obsequios, las atenciones, los preparativos que debo a Usted, ha su cuna, a mi amor, me impiden retirarme de Santafé. Lo que importa es que Usted salga con velocidad y venga a reposar a los brazos de su Caldas amoroso.

He visto el retrato de usted. Esa ceja, ese entrecejo, esos ojos, esa boca, ese lunar han tocado de tal modo mi corazón que deliro con mi bella Manuelita. Usted fue hecha a la medida de mi gusto, y nada tengo que desear sobre belleza. Todas las mujeres me son indiferentes, y solo Manuelita roba, toca, conmueve y reina en mi corazón.
Espero que Usted me hable de viaje cuanto antes. No ceda Usted en punto de dilaciones. Abandone usted todo, padres, patria, amigos, por su Caldas.

Todo lo hallará en mi amor y en mi ternura. Sea Usted compasiva conmigo, y parta Usted a primero de Junio a consolar a un corazón que no puede aquietarse hasta que descanse en el de Usted.

Una fluxión me impide ser mas largo y escribir a mi amada señora doña Ignacia. Póngame Usted a sus pies, protéstele mis respetos como a madre y mi profundo reconocimiento. Y usted, bella Manuelita, reciba los suspiros y el alma amorosa de su,
Caldas.

Santafé y Junio 6 de 1810
Mi esposa, mi Manuelita: ya puedo decir esposa sin temores, Lo eres, perdona, perdona a tu esposo que trate ya sin señorías, ni ustedes. Eres mía, ¡Gran Dios! ¡Qué conquista! Yo quiero desde hoy tratarte con la igualdad de esposo, y quiero gustoso renunciar a estos tratamientos que no inspira el amor puro, casto, noble, espiritual, santo que te profeso. Manuelita, dulce Manuelita, trátame del mismo modo. Permite que te corrija un error que lo has recibido de mis padres y de todo Popayán. Mi nombre es Francisco, y por devoción José.
Yo quiero que desde hoy me llames mi Franco, que me trates de tú, que tengas conmigo la misma confianza que yo tengo con mi Manuelita. Ya somos iguales, ya somos dos almas en un cuerpo, dos corazones unidos por el amor sagrado de la virtud: pensamientos, deseos, miras, bienes, nombres, glorias, espinas, aflicciones, lágrimas, todo es común, todo uniforme. Ya te llaman mis conocidas y mis amigas La Caldas, ya te desean, ya se preparan a abrazarte, a estimarte y a servirte. Aquí tienes también a un madre que te estima con ternura y que te espera con ansia, doña Josefa Santacruz, mi tía política y mujer de Tenorio (Tomás Tenorio Carvajal), es la que trabaja sin cesar, y la que tú mirarás como a tu madre….

Dulce esposa, bella, noble Manuelita, ven breve a consolar a tu esposo que te ama.
Francisco José de Caldas.

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