LA TÉCNICA DE IVÁN VALENCIA QUIJANO
Domingo 25 de abril, 2010
De: Mario Pachajoa Burbano
http://pachajoa.110mb.com/

Amigos:

Rodrigo Valencia Quijano, poeta, pintor, escritor, columnista, muestra aspectos de la técnica del arte de Iván Valencia Quijano, su hermano. El Maestro Iván nació en Popayán el 20 de abril de 1944 y está casado con Alina Fernández Paz. Es  ingeniero de la Universidad del Cauca pero desde su temprana infancia estudió dibujo y pintura con su padre el distinguido Maestro Luis Carlos Valencia Guevara y posteriormente en "The Art Student's League of New York".

En la Universidad del Cauca se desempeñó como: Jefe del Departamento de Bellas Artes, Director de la Escuela de Bellas Artes, profesor de dibujo artístico y pintura, y maestro de dibujo artístico de la Escuela de Delineantes de Arquitectura del Colegio Mayor del Cauca.

En 1964 expuso sus primeras obras en el Museo Guillermo Valencia y las ha continuado en Colombia, Venezuela, Puerto Rico, República Dominicana y en varias ciudades de los Estados Unidos.  Por su arte ha recibido en el extranjero numerosos premios.

La foto del maestro Iván y su esposa, fue tomada durante el Tercer Encuentro de payaneses en USA, Nueva York, 2003.

Cordialmente,

***

Iván Valencia
Especial para Proclama del Norte
Por: Rodrigo Valencia Quijano
Popayán. 2010



Óleo de Iván Valencia Quijano
Mi hermano Iván es un personaje silencioso, reflexivo y estudioso. Tuvo, por allá en los años sesenta y antes, la valentía de escrutar y cultivar el arte con la seriedad comprometida de quien, prácticamente solo en esa época, sabía que debía desoír las convenciones adquiridas por costumbre, tradición y prejuicios; es decir, entendió y supo que el arte era su camino, su meta verdadera, aunque se había graduado en ingeniería civil y aunque no se acostumbraba darle serio crédito a la pintura como auténtica o válida profesión, al menos en nuestro medio. De modo que en un tiempo en el que ciertamente fue un abanderado solitario entre los jóvenes en esas latitudes de la cultura aquí en Popayán, no podemos dudar que fue Iván Valencia el iniciador e impulsor de toda la generación posterior que hoy se dedica a las artes plásticas en esta ciudad, porque, además, él fue verdaderamente quien dio origen al actual Departamento de Artes Plásticas de la Universidad del Cauca, propiciando un espacio idóneo para la formación de la conciencia estética profesional.

En su fase actual, la pintura de Iván es lógica, cuidadosa, controlada y serena. Me parece que se podría clasificar como realismo simbólico: con vigor poético referencial, trabaja una visión del espacio urbano contemporáneo, constructivismo compositivo que reinventa el espacio de la ciudad moderna, generalmente Nueva York, en cuyas cercanías vive desde hace años. Los ejes estructurales de sus cuadros arman bloques arquitectónicos con el testimonio avizor de la imponencia citadina: una calle, un poste, un aviso, una esquina, el ángulo de la geografía y hábitat construido por el hombre, la estancia donde se sitúa la civilización contemporánea.

En los momentos más líricos de su obra, un sueño simbólico puede estar descansando como sortilegio de cemento, porque generalmente los lugares de esos cuadros están deshabitados, y esas historias las construye Iván con hombres de presencia tácita. Así, los bloques mudos de la urbe forman recovecos enigmáticos que esperan el desciframiento de los siglos y la historia, en un evento casi surrealista. El silencio parece ser el grito que los llena bajo el cielo; se han congelado hasta las horas más febriles, los callejones existen para estar desiertos, la vida se ha encerrado en los adentros, las voces de la calle inesperan un alumbramiento.

En cambio, distinto mundo cuando las pinturas muestran las calles atiborradas de automóviles y transeúntes: la paleta se deja seducir por el encanto del espectáculo diario: civilización, imagen hiperrealista donde los sueños han dejado espacio a la vigilia fotográfica; clamor de la luz, deambular acalorado del tiempo y el estrés, entes urbanos confirmando el retorno inexorable de la vida, el olvido de la muerte entre el sol que golpea los muros con sus mil ventanas. Los seres aparecen, se han vuelto el eco atropellado de los litigios de la urbe, de las ventanas que se asoman a la posibilidad del otro multitudinario, del andén que se torna obligada experiencia apresurada, de las señales que se vuelven ley obligada para el día. Son estereotipos acerca de un trajín apabullante y distractor a la vez, asfixiante tanto como vitalizador de retos infinitos. Son cuadros donde se recupera la imagen del riesgo de estar vivos en el mundo.

***
     Si desea descontinuar el recibo de estos artículos de la Red payanesa por favor
informar a mariopb@comcast.net
e incluir "descontinuar" en la línea "Subject"
 
     To receive no further e-mails, from Red payanesa, please reply to
 mariopb@comcast.net
 with "unlist" in the Subject line.