EL SOTAREÑO DE POPAYÁN
Viernes 5de febrero, 2010
De: Mario Pachajoa Burbano
http://pachajoa.110mb.com/
 
Amigos:

Raúl Vernaza Garcés nos ha enviado un reportaje sobre "El Sotareño"
de Popayán, un lugar de tertulia, alegría, esparcimiento, concurrido por
payaneses y visitantes, desde hace cuarenta años. El reportaje fue
realizado por Mabel Adriana Lara V para "Popayán virtual".
Nuestros agradecimientos para Raúl.

Cordialmente,

***

REPORTAJES
Documental: Un sitio detenido en el tiempo.
Los 40's del "Sotareño"
Por: Mabel Adriana Lara V.
Redacción Popayán Virtual


"...En un ambiente de esteras, cuadros, guaduas y regalos que adornan el sitio, este ambiente color madera sobrevive en el tiempo como el cálido candor del alma de los bohemios..."

Foto: Popayán Virtual
La historia comienza cuando en 1951 Agustín Sarria llega a Popayán con la idea de tomar unas vacaciones. Oriundo del norte del Valle del Cauca, de familia numerosa y errante, Agustín quedó atrapado dentro del misterio que encierra a los habitantes de la ciudad de Popayán.

Años después, finalizando la década, Agustín era el propietario del "Cafetal", bar ubicado frente a la antigua galería central, lo que hoy es el centro comercial. Allí nace su amor por la música, y en instancias de su actitud bohemia conoció amigos que hoy dan testimonio de su existencia.

Un señor de apellido Portilla le ofrece su negocio en venta, hablo del "Sotareño", que en 1964, Agustín lo permutó por un lote y lo dio a un hermano suyo para que lo administrara. El Cafetal y El Sotareño eran de propiedad de Agustín. Justo después de un año, en 1965, decide vender el Cafetal y pasó a administrar el Sotareño, en el local que actualmente está ubicado y donde pagaba cuatrocientos pesos de arriendo. Este en sus inicios fue un local pequeño decorado con costales y guadua. La cerveza valía un peso con cincuenta y una media de caucano se acercaba ya a los tres pesos con cincuenta. El dinero se guardaba en una registradora de los años veinte, la cual marcaba un máximo de noventa y nueve pesos con noventa y nueve centavos ($99.99).

A pesar de no remodelar, siempre hubo algo nuevo. Alfonso Figueroa "Fígaro" (caricaturista), regaló al Sotareño una pintura alusiva a la chirimía que data de 1961, también regaló un cuadro en donde está el poeta Quesep visitando el sitio. De hecho, todos los regalos que adornan al Sotareño hoy en día han cobrado su importancia y valor a través de los años.

Ya cuando los teléfonos no funcionaban con batería, era principios de los ochenta, y el Sotareño, sitio de reunión de los bohemios de la época, junto con la "Sirena" y el "Danubio" que ya cerraron sus puertas al público, sufrió un resquebrajamiento del exceso incontrolable de la "Parranda Santa" en ese mes de Marzo de 1983.

El Sotareño, que no sufrió averías considerables, después de un mes del terremoto y con techo nuevo, se convirtió en: "El Sotareño: Bar Fuente de Soda", en donde se vendían, entre otras cosas, café, jugos, tamales, chorizos, costilla. Pero ya los clientes quienes extrañaban algunos grados de alcohol se ingeniaban la forma de sobreponerse a la ley seca de la época.

Agustín en ese entonces abortó su idea de irse de la ciudad a tierras prometedoras donde ya había empezado a sembrar algo. Pudo más su fuerte amor por su Sotareño y resolvió quedarse.

La música del Sotareño

"Mi amor por la música no sé de donde viene, y con respecto a la colección del Sotareño, está implementada con todos los ritmos. A mi me toca comprar de todo. Tengo desde música del despecho hasta baladas contemporáneas, pasando por el tango, el bolero, las rancheras y la música vieja en general", afirma Agustín.

El, no recuerda con exactitud cuál es el disco más viejo que tiene, pues son cientos de títulos que han ido alimentando la colección musical del Sotareño y a medida del paso del tiempo serán muchos más. Dentro de la colección conserva poesías que casi nadie tiene y quizás son ellas las reliquias del Sotareño: cuarenta títulos de poesía en LP.

Canciones como Volver, Las cuarenta, El día que me quieras, Cuesta abajo, Cambalache, Por una cabeza, Balada para un loco, son las que con mayor frecuencia piden los clientes. Y lo que más sorprende a Agustín, es que quienes las piden, son todas mujeres.

Agustín adora escuchar su música, le da nostalgia. Es gardeliano, cada 24 de junio homenajea al rey del tango. Las fotos de algunas recopilaciones impresas de la vida de Carlos Gardel hacen memoria de su amor por ese ritmo, a las cuales se unen varios recortes de periódico que lo confirman. Este año es el sexagésimo noveno aniversario de la muerte de Gardel y para ese día Agustín ofrecerá un repertorio de tangos y una proyección en video. Claro está que el disfrute está en escuchar y conversar porque en el Sotareño, está detenido en el tiempo.

De paso por el Sotareño

Son treinta y nueve años los que Agustín le ha dedicado de su vida al Sotareño. Y durante todo este tiempo el Sotareño ha sido visitado en su gran mayoría por estudiantes, profesores, abogados y médicos de la "Universidad", también lo visitan muchos extranjeros.
 
Gobernadores, alcaldes y ministros han sido asiduos visitantes del bar de Agustín, junto con todas las almas bohemias que ahí se reúnen. "lo que a ellos les gusta es que yo los atienda" dice Agucho, como lo suelen llamar sus amigos que van de todas las edades y lo que más agradece Agustín es que todos son buenas personas.

Geovanni Quessep, Carlos Holmes Trujillo y hasta Mister Simmonds han cultivado su propia historia en el Sotareño. Lugar que ha sido visitado por grandes tríos y majestuosos de la música, entre ellos, El trío Martino, Los Embajadores, Los Montalvinos, Los Indios Tabajaras, Olimpo Cárdenas, Ricardo Fuentes y Armando Moreno. También ha sido el sitio de reunión de grandes producciones audiovisuales entre las que se cuenta el equipo de "El Día que me quieras", que en 1984 dirigió Lisandro Duque y filmó escenas de la película con artículos que Agustín prestó para la escenografía.

Que no se acabe...

Agustín guarda con celo un cuaderno que ha sido firmado con las dedicatorias de sus amigos que desde 1969 le agradecen la oportunidad de compartir los tragos de la victoria y de la derrota. Ese cuaderno ya un poco opaco y rucio guarda poemas y plasma las etapas más sensibles del alcohol en jeroglíficos indescifrables.

Tan claro es el destino, de lo que no queremos que muera, que alguna vez, de esta eminencia de nuestra tierra, se escribirá una gran historia.

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