DESTIERRO DE MANUELITA SÁENZ
Domingo 1 de agosto, 2010
De: Mario Pachajoa Burbano
http://pachajoa.110mb.com/

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"Historia Contemporánea de Colombia"
Destierro de Manuelita Sáenz
Por: Gustavo Arboleda, 1918.


Manuelita Sáenz se presentaba frecuentemente en público, vestida de oficial y caballero en algún fogoso corcel, acompañada de dos esclavas negras, llamadas Natán y Jonatás, que llevaban uniforme de húsares. Cuando las fiestas de Corpus, el año 30, salieron aquella dama y sus esclavas, con espada la primera, las otras con lanzas, a la plaza de la catedral, y abriéndose paso por entre la multitud y atropellando los guardias, hicieron pedazos unos castillos de pólvora en donde se aseguraba haber retratos grotescos o caricaturas del Libertador. Se le intimidó destierro, luego se señaló su casa como centro de los desafectos al nuevo orden de cosas, y se le exigió, repetidas veces, de manera privada, que se ausentase del país.

Al doctor Lleras, como alcalde parroquial de Bogotá en el año de 1834, le tocó intervenir, en sacar de la ciudad a Manuela Sáenz, a quien desde el lunes 11 de enero del año dicho dio la orden verbalmente, acompañado de un agente de policía y de una escolta de diez hombres, mandada por el teniente Dionisio Obando, con ocho presidiarios que llevaban una silla de manos.

... Rehusó la señora obedecer la orden de Lleras y hasta le amenazó con que le daría un pistoletazo si insistía; llegó a decir, que mataría al primero que se acercase ...No hubo forma de obligarla. Reiterada la orden por autoridad superior, tornó a resistirla, amenazando a los soldados con un puñal, el que afortunadamente pudieron arrebatarle.

A la última exigencia contestó fingiéndose enferma; le dieron un plazo para que arreglase sus asuntos, y el día señalado fue sacada por la fuerza pública, en silla de manos, a la cárcel de mujeres. De esta prisión, un día más tarde, siempre en silla de manos, se la condujo a Funza. Allá se la hizo montar a caballo, sin que opusiese resistencia y antes, recobrando su natural buen humor, emprendió el camino del destierro, dirigiéndose al Ecuador por la vía de Cartagena y el istmo, sin permitirle tocar en aquella ciudad, por temor de que su presencia diese motivo a perturbaciones de la tranquilidad social.

Tenia Manuela Sáenz unos veinticuatro años, el cabello negro, ensortijado, los ojos negros también, expresivos, atrevidos, brillantes; la tez blanca como la leche y encarnada como la rosa, la dentadura bellísima; era de regular estatura, de buenas carnes, de extremada viveza, generosa con sus amigos, caritativa con los pobres, valerosa y sabia manejar la espada y la pistola, montaba muy bien acaballo vestida de hombre, con pantalón rojo, ruana negra de terciopelo y suelta la cabellera, cuyos rizos se desataban por sus espaldas, debajo de un sombrerillo con pluma que hacia resaltar su figura encantadora; era bella como Clorinda, guerrera como Herminia y hechicera como Armida. En Bogotá la llamaban "La libertadora".

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