PAULO EMILIO MONCAYO CABRERA
Martes Santo 30 de marzo, 2010
De: Mario Pachajoa Burbano
http://pachajoa.110mb.com/

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Foto: W Radio
Paulo Emilio Moncayo Cabrera, sargento del ejército
colombiano, ha sido liberado después de 12 años, 3 mes
y  29 días de cautiverio. Nació en Sandoná, Nariño, el
lunes 26 de febrero de 1979 y rehén desde el martes 21
de diciembre de 1997. Edad el día de libertad: 31 años,
1 mes y 29 Días. Hijo de Gustavo Moncayo y María
Estela Cabrera.


María Estela Cabrera, madre del sargento del ejército colombiano, Paulo
Emilio Moncayo Cabrera
, da un testimonio de la forma como ha transcurrido
la vida de la familia durante los años del cautiverio de su hijo. Artículo escrito
por Manuel Rincón Prada redactor de El Tiempo, y publicado por la revista
Cambio de Colombia.

Cordialmente,

***

"Nos quitaron 12 años y tres meses de una vida normal"
Por: Manuel Rincón Prada
Redactor de El Tiempo.
Revista Cambio. Bogotá. Colombia.

"Estaba sirviendo la comida, cuando sonó el teléfono. Serían las 7:00 de la noche del 21 de diciembre de 1997. La llamada era de un familiar. Decía que habían atacado el cerro de Patascoy y que estaban bajando soldados muertos. Gustavo, que regresaba de rezar una novena de aguinaldos, en una vereda cercana a Sandoná (Nariño), quedó también inmóvil".

"Ese día empezó el drama de toda la familia Moncayo y del mío, María Estela Cabrera, madre del sargento Pablo Emilio Moncayo Cabrera, secuestrado, junto con 17 compañeros, hace 12 años y tres meses por las Farc".

Recordar sin dolor es difícil.

"Estos días, recordábamos que alguna vez vinimos a Bogotá con los padres de los demás uniformados. Tratábamos de hablar con Néstor Humberto Martínez, ministro del Interior en el gobierno de Andrés Pastrana".  "Parados frente al edificio, esperando a que Martínez nos atendiera, la gente que pasaba nos decía: "Piojosos, váyanse para su tierra". Todo eso tratas de olvidarlo, pero recordar sin dolor es difícil. Como también sanar las heridas del corazón. Nadie sabe el drama que viven las familias de un secuestrado".

"Por eso afrontamos el riesgo tras la decisión tomada por Gustavo, cuando un 17 de junio del 2007, con cadenas en el cuello, inició una caminata desde Sandoná hasta Bogotá". "Entendimos el desespero. Nuestro hijo se estaba muriendo en la selva y nadie hacia nada por salvarlo. Fue respetable, pero el secuestro trajo como resultado la fragmentación de la familia. Una relación ya deteriorada por el dolor".

"Nos quitaron 12 años y tres meses de una vida normal, de por lo menos dormir tranquila. Con Gustavo íbamos a fiestas y éramos bailarines. Los carnavales de blancos y negros los disfrutábamos de principio a fin. Eso terminó para nosotros".

"Para no hundirme en el dolor, me uní más a mi trabajo. Eso ayuda a no angustiarse tanto. En el colegio Santo Tomas de Aquino, en Sandoná, me volví excesiva, compulsiva. No quería ser del grupo de personas que después de sufrir un dolor muy grande han terminado sumidos en el alcohol y la droga".

El progreso también se paralizó.

"Nuestras vidas se transformaron por completo. Gustavo dejó todo por los secuestrados. Uno como profesor aspira a jubilarse en la categoría 14 y/o con pensión de gracia. Él quedó en la categoría 12". "A estas alturas yo no he podido ascender. Perdí muchos años. Ahora estoy en la categoría nueve y tengo 16 años de trabajo. En cambio algunos de mis compañeros han echo postgrados, pero yo no he tenido esa posibilidad".

"Las niñas también han dejado de estudiar. Nora, la hija mayor y madre de Santiago, de ocho años, estudió solo dos años de odontología en Quito. Carol, madre de Mathew Alejandro, de un año, adelanta tres semestres de sistemas. También le había tocado retirarse. Tatiana tiene un técnico en criminalística, pero por acompañar a su papá, en su correría por Pablo Emilio, aplazó los estudios".

"Igual esas situaciones pasan a un segundo plano cuando juegan con tus sentimientos. Sobre todo cuando te dan falsas esperanzas de liberación. El 28 de junio del 2001, pensábamos que Pablo volvía, cuando la guerrilla entregó en La Macarena (Meta) a 310 uniformados, entre soldados y policías. No fue así".

"He perdido la fe muchas veces y, también, las ganas de vivir. Sentí que el mundo se me derrumbaba sobre todo cuando mi esposo me trajo la cédula y la libreta militar de mi hijo. Desgarrador. Lo mismo ocurrió cuando devolvieron a 16 de los soldados secuestrados en Patascoy y Pablo Emilio tampoco llegó".

Una canción para Pablo Emilio.

"El 16 de abril del 2009 cuando las Farc anunciaron la liberación de mi hijo y la entrega de los restos del mayor Guevara, una nueva ilusión por ver a mi hijo se desvaneció". "Por eso, en las noches de nostalgia me acuerdo mucho de 'Milagro de abril', canción de Alberto Plaza. La asumo para él. Me hace estremecer. "Qué será que no llegas...este mundo ya es duro y más duro sin tí, porque tardas, por qué pasan los años y no estás aquí".

"Con todas estas cosas a veces pienso que se me ha endurecido mi corazón. Yo soy muy creyente y cuando desfallezco le pido perdón a Dios, porque me ha dado mucha fortaleza". "Lo digo porque estudiando en Quito, Nora Helena se enfermó. Le sangraban los oídos y los poros. Le dijeron que tenía leucemia. La noticia la tomé con calma y pensé: Me estoy volviendo insensible o 'berraca'. Yo creo que fue un milagro porque me fui a Monserrate y pedí por ella. Finalmente, Nora resultó sin ninguna enfermedad".

"Todos hemos sufrido. Hasta mis nietos. Santiago cierto día me dijo que ya no creía en la Navidad, porque nunca el Niño Jesús le había cumplido el deseo: traerle a su tío de nuevo. Eso es muy doloroso. Ver cómo a un niño de ocho años le truncan sus ilusiones". "Por fortuna está Laura Valentina, mi hija pequeña. Ha sido un bálsamo. Un poco de alegría en medio de tanta tristeza. En una prueba de supervivencia Pablo me escribió: "Espero que sea el último hijo (risas)".

"Ahora cuento las horas para abrazarlo. Ese día espero entregarle el rosario que el Papa Benedicto XVI le regaló a Gustavo. También recibirlo con la comida que tanto le gusta, una choriza sandoneña con empanadas y un hornado que es como la lechona tolimense".

"Mi corazón de madre me dice que pronto lo voy a ver".

MANUEL RINCÓN PRADA
REDACTOR DE EL TIEMPO

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