HUGO JOSÉ IRAGORRI ZAMORANO
Domingo 21 de noviembre, 2010
De: Mario Pachajoa Burbano
http://pachajoa.110mb.com/

Amigos:

Hugo José Iragorri Zamorano ha fallecido en Popayán. Era hijo de Alfonso Iragorri Peña
e Irma Zamorano. Reproducimos el articulo "Por quien doblan las campanas" escrito
por Rodrigo A Domínguez A y publicado por El Liberal.
Reciban nuestros sentimientos de pesar la familia Iragorri Zamorano.

Cordialmente,

***

Por quien doblan las campanas…
Escrito por Especial para El Liberal
domingo, 21 de noviembre de 2010
Hugo Iragorri Zamorano, un payanes ilustre que siempre tuvo a la ciudad en su mente y en su corazón.
Por Rodrigo A. Domínguez A
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Foto: El Liberal
Discurrió tu niñez y juventud en el colegio Champagnat de Popayán, asentado si se hallara ahí, enfrente a la mirada perpetua de quien manifestaba con voz inquebrantable: “Por donde quiera que mi ser camine Anarkos va… No puede ser que vivan en la arena los hombres como púgiles; la vida es una fuente para todos llena…”, mirada alterna del maestro, hita, de esa natural fábrica de crepúsculos con arreboles por la que cambiaba su vida León de Greiff, industria silvestre de ocasos payaneses con los que se canta o gime.

Médico admirable, alternaste con igual destreza tu saber hendiendo los cielos, como piloto por afición, ante la mirada inconforme de los tuyos quienes fueron asintiendo a fuerza de razones, entendiendo que ésta otra manera de vida tuya hacia parte del tamaño de tus sueños, solo ahí, podías dimensionar tus horizontes recreando tus pensamientos junto a la belleza y el silencio de los cielos, al acuno del motor del aeroplano, sin apenas sospechar que éste conocimiento alguna vez salvaría tu vida.

Fuiste el primer rehén en fugarse del chantaje de las Farc en las oscuras selvas colombianas donde estuviste sometido en cautiverio, no puedo omitir el enfático comentario que hiciste al asomo de una desdeñosa sonrisa: “Se olvidaron de que era piloto y que esa zona la había surcado muchas veces lo que me posibilitaba ubicarme fácilmente, tampoco conocían de mi excelente estado físico”, practicaste y admiraste por mucho tiempo una de las artes marciales, destacándote.

Como defensor y admirador de la cultura griega la que conociste plenamente, deleitabas con tus comentarios sobre la belleza del Panteón de Atenas, sabías hasta de los finos materiales con que estaba construido, asimismo opinabas del Gimnasio o del Teatro y el Odeón, del Ágora precisabas que además de la importancia reconocida fue utilizada simultáneamente como plaza de mercado en la época; quizá una de las celebridades que te escuché más admiraste fue a Pompeyo por su importancia, decías al terminar con el imperio Seléucida; conociste de los clásicos y fuiste poseedor de la mayoría de ellos a los que entregaste una buena parte de tu juventud y madurez, algunos de tus libros superando el rigor del tiempo por ventura reposan en mis manos, teníamos cita para revisarlos en Popayán en un encuentro que para mí con dolor no podremos realizar, observo en ellos las apostillas que colocaste: claras, precisas, oportunas; los conservaré y tendrán sitio especial en la diferencia incomputable que existe de los años de mi vida.

El cielo está complacido, se reunieron nuevamente una madre virtuosa, doña Irma Zamorano; un padre amoroso, don Alfonso Iragorri Peña, quienes te indicaron el camino y un singular hijo. A tu esposa, a tus hijos y nietos, a tus respetados hermanos, Reinaldo, Greta y Alicia, en algo me tranquiliza que mi padre no esté, insoportable para él hubiese sido su aflicción; al senador Aurelio Iragorri Hormaza y los suyos, a tu familia entera, todo el aliento que da el saber que cabalgaste a lomos en la vida con rodela en brazo fuerte, con valentía, con decoro y sobretodo con independencia, empuñando siempre en la diestra el alfanje del triunfo; a mis hijos, con quienes íntimamente no faltaran palabras de reconocimiento y admiración hacia ti, para quienes serás ese faro de integridad a imitar que hará te rememoremos perennemente, respetado e inolvidable, Hugo Iragorri Zamorano.

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