HAITÍ
Lunes 18 de enero, 2010
De: Mario Pachajoa Burbano
http://pachajoa.110mb.com/

Amigos:

Gloria Cepeda Vargas, colombianista, pensadora y poeta, escribe la presente nota
retrospectiva de la historia de Haití.

Cordialmente,

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Haití
Escrito por Gloria Cepeda Vargas
lunes, 18 de enero de 2010
El Liberal
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Hasta el momento de escribir esta nota se desconoce el alcance del sismo que con magnitud de 7,3 grados en la escala de Ritcher, arrasó el territorio haitiano el 12 de enero del 2010.

Haití, con una superficie de 4.980 kilómetros cuadrados, conforma con República Dominicana la isla antillana denominada La Española descubierta por Colón en 1492. Sería prolijo ahondar en una de las crónicas más turbulentas y desoladas del mundo. Su cariz infrahumano denuncia la inoperancia de los organismos creados para salvaguarda de la integridad continental y de cómo medra, a la sombra de la impunidad, la ley del más fuerte. Su historia es un amasijo de esclavitudes abismales, guerras intestinas, presidentes espurios, intervenciones norteamericanas, todopoderosas juntas militares, emperadores como Faustino Soulouque, portador de apetencias delirantes desde 1849 hasta la proclamación de la república en el 59, y como alimento de un caos social inveterado, la ignorancia de la mente y la desnutrición del cuerpo implantadas en un pueblo desprovisto de identidad.

Es inaceptable que a la vista de todos y en total abandono, exista desde siempre una comunidad carente de lo mínimo a que puede aspirar un ser humano. Quizá después de esta tragedia los países del hemisferio vuelvan por primera vez la vista a ese territorio cuyo martirio ancestral no ha suscitado más que la indiferencia de todos.

Los treinta años (1956-1986) de la autocracia de Jean Francois Duvalier sucedido por su no menos despiadado hijo, constituyen uno de los capítulos más crueles y sanguinarios de esta historia. En ella se entremezclan, suceden, desconocen, suplantan y disputan la presa a dentelladas entre otros especímenes, los Lescot, Magliore, Geffard, Salnave, Namphy, Avril, Cedràs o Aristide, responsables en menor grado que los Duvalier de la desventura haitiana, no por falta de ganas sino de oportunidades. Lejos queda el próspero país cafetero y algodonero de tiempos coloniales. Lejos la legendaria figura de A. Petion, poseedor de un lugar respetable en la crónica de nuestra independencia.

En este momento Haití gime bajo un dolor infinito. Se trata del pueblo más pobre de América. Las características que definen un país articulado a las exigencias del mundo actual no existen y por lo tanto, el juego político, aun desplegado en forma incipiente, tampoco. El suyo es territorio tribal e inoperante. “Haití tendido de perfil y a solas/ sobre un mar de sumisas madrugadas/ en ti el coco de hiel/ las serpientes erguidas/ el funeral del último lucero”, dijo el poeta. Eso dijo el bardo desde su trinchera metafórica; con la misma ráfaga nos golpea esta realidad tan oscura como nuestro corazón a veces mal llamado humano y racional.

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