JOSÉ MIGUEL GÓMEZ
Lunes 12 de abril, 2010
De: Mario Pachajoa Burbano
http://pachajoa.110mb.com/

Amigos:

David Ríos Yacup nos relata el oficio que desempeña en el Parque de Caldas
de Popayán José Miguel Gómez.

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 “La cajita es sagrada”
Por: David Ríos Yacup
Estudiante Instituto Tecnológico de Comfacauca.
Escrito por Especial para El Liberal
domingo, 11 de abril de 2010

Un sencillo lustrabotas del Parque Francisco José de Caldas relata los por menores de su oficio, desde que lleva trabajando en él, hace más de 25 años. Con este trabajo dice que se ha podido sostener y que el Parque es su hogar de tiempo completo. Desde años atrás el Parque Caldas ha cambiado, y ahora con la total peatonalización del lugar, sus dinámicas se han transformado paulatinamente.

Foto: David Yacup
El parque Francisco José Caldas es el lugar cumbre y conmemorativo del imaginario payanés. Este tradicional patrimonio histórico describe y desborda emociones alegres y curiosas concebidas por la majestuosa historia, completada por los alrededores diseñados y construidos con la arquitectura colonial, que evoca acontecimientos y próceres de ese nutrido episodio patrio, vivido en carne propia por la ‘Ciudad Blanca’.

En la cotidiana vida del Parque Caldas, se despliega en las aceras aledañas, el eco a paso lento de los fieles feligreses de la religión católica, que a menudo acuden a la santa misa en la Catedral, para sanar sus culpas y purificar el espíritu, con la devoción , la fe y la sabia palabra que viene del “señor”.

En distintas horas especificas del día, es común observar la intervención de los recatados y célebres señores de edad, vestidos de frac oscuro, fino sombrero, firme bastón, zapatos relucientes y el periódico bajo el brazo; En el encuentro se entablan amenas charlas y tertulias sobre temas que acontecen en la ciudad, compartir anécdotas y remembranzas que quedaron en la mente y corazón, y como siempre conservar la elegancia y protocolo en el discurso y así acaparar la atención de los colegas.

Otras personas visitan este prodigioso escenario para disfrutar con la compañía de sus familiares y amistades, que sin duda, saben apreciar la variedad de expresiones ligadas a la pintura, el arte, la música y las coloquiales manifestaciones de la popular Blanca Ligia. Estos diarios sucesos enmarcan la atención y le roban una pequeña sonrisa a los ciudadanos patojos.

En la plaza central de este terruño, también existe espacio para los vendedores informales, que afrontan una dura lucha para ganarse el sustento del diario vivir.

“Antes cargaba bultos”

En este lugar es habitual encontrarse con la insignia del cepillo y el betún. Se trata de José Miguel Gómez, un autentico lustra botas, tranquilo y paciente, que ha dedicado los últimos 25 años al servicio del ilustrado.

“Yo antes trabajaba cargando bultos, luego me dediqué a recoger papeles en la galería y después de mucho esfuerzo, probé suerte llevando abono a los antejardines de las casas del norte. Al poco tiempo me di cuenta que eso no era lo mío y gracias a un tío veterano lustrador del Parque Caldas, me ubicó en este lugar. En ese entonces cobraba 150 pesos la embolada, eso sí era platica, porque en ese momento no había mucha competencia. En aquel tiempo el Parque era desorganizado, ahora no es tanto con la peatonalización”, rememoró el trabajador informal.

Las arduas jornadas de trabajo para José Miguel comienzan a tempranas horas del día, cuando el sol empieza a sofocar y fastidiar.

“Toca saber tratar a las personas que utilizan el servicio, con ellos se conversa de todos los temas, de algún sitio que quieren conocer, de política y lo que pasa en la ciudad, mejor dicho, aquí viene el más pelado a hablar de plata”.

Cuando se refiere a su caja de lustrar, “la sagrada cajita o piano como le llamo cariñosamente, la adquirí por valor de 80 mil pesos en la cárcel San Isidro, ella consta de la plantilla y el cajón donde se guardan los betunes, tintas, trapos y 3 cepillos de distinto”, explicó de forma didáctica.

Y añade que “el zapato más difícil es el cuero volteado como le llamamos nosotros, se usa grasa especial para ello y él de gamuza se le echa una pequeña dosis de shampoo y quedan vácanos”, dijo el hombre sobre este secreto como uno de sus trucos de trabajo.

“Me alcanza para vivir”


La magia de José Miguel es innata, con un estilo único y propio en las manos a la hora de pulir los zapatos y dejarlos como “espejitos”, lo que considera indispensable para que el cliente se sienta a gusto y vuelva.

“Normalmente cobro 2 mil pesos que es la cuota la básica; cuando se trata de pintarlos o cambiarles el color cobro 6 mil pesitos. Ahí el producto que se aplica es bueno para los zapatos que están pelados. Los dejo casi nuevos” aseguró el pujante hombre del calzado.
El sustento diario de José Miguel es incierto, todo depende si el día es soleado o con lluvia.

“La embolada en verano dura una semana o 15 días, se limpia con un cepillo para quitar el polvo y quedan otra vez, en cambio en invierno quiera o no los tiene que hacer brillar. Mi platica diaria oscila entre 15 y 20 mil pesos, gracias a mi Dios con eso me defiendo para lo que se ofrezca en la casa”, expresó con firmeza el sencillo hombre mientras se alistaba nuevamente para continuar con su jornada de trabajo en soleado día en el centro de la ciudad.

Nombre: José Miguel Gómez. Edad: 45 años. Años de trabajo en el Parque Caldas: 25 Residencia actual: Los Sauces.
Horario de trabajo: 7:00 a.m. -12: 00 p.m. y 2:00 p.m.- 5: 00 p.m. Precio actual de la embolada: 2 mil pesos.

UN POQUITO DE HISTORIA
 
En la plaza de Caldas se ubica la estatua del ilustre sabio Francisco José de Caldas, una obra del escultor oriundo de Francia Verlet, fundida en bronce por los artistas Jansbsenf y Renardn en Paris.

La inauguración fue el día centenario del Grito de Independencia con el discurso del ex presidente Guillermo León Valencia. En la cara que da oriente se observa: unas letras que dicen “1768- 1816 al sabio Francisco José de Caldas mártir de la independencia nacional, patria agradecida 1910”.

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