DOCUMENTOS PARA LA HISTORIA DE COLOMBIA
Miércoles 22 de septiembre, 2010
De: Mario Pachajoa Burbano
http://pachajoa.110mb.com/

Amigos:

Uno de los documentos para la Historia de Colombia es el escrito por el prócer Camilo Torres Tenorio (1766-1816), Presidente del Congreso de las Provincias Unidas de la Nueva Granada y como respuesta a la amenaza de Francisco de Montalvo, (Habana 1754-Madrid 1822), Mariscal de Campo, Capitán General del Nuevo Reino de Granada, al patriota Manuel Rodríguez Torices, (1788-1816), Presidente Gobernador de la Provincia de Cartagena.

Montalvo le escribía a Rodríguez Torices que "debe tratar de hacer olvidar a España los ultrajes que contra ella ha cometido ... someterse a la autoridad de Fernando VII ... y ..  lo hace responsable personal de la sangre que injustamente se derrame, y los males consiguientes".

Cordialmente,

***

Al Excelentísimo señor Presidente Gobernador de Cartagena.
Tunja, 6 de Septiembre de 1814.
Camilo Torres, Presidente del Congreso
Documentos para la Historia de la Provincia de Cartagena de Indias
Manuel Ezequiel Corrales, 1883
Library of Congress
F2281.C27 C6
Microfilm 10316 F


No fue sola la casi total ocupación del territorio español por las armas francesas, á consecuencia de la condescendencia y tratados anteriores del Gabinete español con el Emperador de los franceses; ni el peligro de una dominación extranjera en virtud de las cesiones y abdicaciones de Bayona; ni los acontecimientos posteriores de la Península, en que Gobiernos tan injustos con América como ilegítimos, se sucedieron rápidamente y se destruyeron unos á otros, conviniendo solo en hacerse árbitros de su suerte sin su voluntad, y en mirarla como súbdita y esclava, y no como su igual y su hermana; ni en fin, los abusos, la arbitrariedad y el despotismo del antiguo sistema, lo que obligó á ésta á tomar el partido de sacudir su bárbaro yugo y de conservarse para sí misma: motivos aun más justos, mas indisputables, más permanentes la decidieron á esta medida.

La América, grande en su extensión, poderosa en sus recursos, incapaz de ser gobernada bien en ningún sentido por una Potencia distante, conoció que era llegado el tiempo de su emancipación; que su suerte sería siempre miserable y precaria dependiente de ajenas manos; que no le convenía estar expuesta á los vaivenes y eternas disensiones políticas del otro continente; que la naturaleza no en vano la separó de él, y que para su felicidad y la del género humano debía ser independiente.

España no ha tenido ni tiene un justo derecho para oponerse á esta solicitud. ¿Quién la hizo dueño de estos territorios, ni cómo puede llamarse justa y heroica su resolución de resistir á los franceses á sacudir un yugo extranjero, si no confiesa este mismo derecho en la América para resistir el suyo? La antigüedad de una usurpación agrava el delito, no lo justifica. Los Moros dominaron setecientos años á España, y España se creyó con derecho para arrojarlos de la Península.

La caída del Emperador de los franceses debe enseñar á los demás gobernantes de la tierra que los tronos solo se afirman por la justicia, y que al momento que la violencia ha de ser su único apoyo, están expuestos á perecer bajo de sus propias ruinas. ¡Severo ejemplo de escarmiento, que si jamás puede tener una justa aplicación es en nuestro caso, en que una simple Potencia de Europa pretende dominar á un Mundo entero!

"Las Naciones de aquel continente, que no han podido tolerar la dominación de la Francia en él, ni las travas con que quiso limitar su comercio, no mirarán con indiferencia la de España, ni el exclusivo monopolio que ha ejercito y pretende continuar ejerciendo en el nuevo. Pero si por desgracia ellas quieren ser injustas con la América, enseñada por la España en su resistencia, luchará con sus propios recursos, y esperará que la misma justicia inmutable y eterna que castigó á Francia, castigue á la que no supo aprovecharse de su ejemplo.

¿Qué bienes son tampoco los que hoy tiene que esperar la América de España? Prescindamos de su aniquilación de que no podrá separarse en muchos siglos: olvidemos el influjo que sobre ella ejercitarán las Potencias extranjeras; ¿pero qué es lo que nos promete? ¿Una Constitución que ya abolió el Monarca ó un Monarca que desconoce la Constitución? ¿Por quién están hoy los gobernantes de América que nos intiman la sumisión? ¿Respetan á la Nación árbitra que dice ser de sus leyes y que se ha rescatado para sí misma, ó nos ha de oprimir el régimen antiguo, y hemos de ser el juguete de la arbitrariedad y el capricho? ¡Cuánto más sabia la América que ya no quiere depender de estos acontecimientos, y que busca en su seno las leyes y los consejos acomodados á sus circunstancias que la deben dirigir!.

Que olviden, pues, nuestros enemigos el empeño de someterla á su arbitraria voluntad. Pero si por desgracia se obstinan en su resolución de hacerla esclava, sepan que la de América es ser libre, y que la guerra y los males con que nos amenazan no nos intimidan. Más cruel y asoladora no puede ser que la que nos han hecho hasta aquí, en nombre de cuantas autoridades se han levantado en España: pero sus consecuencias no es á los Gobiernos americanos á quienes se deben imputar sino á la temeridad y el orgullo de los que nos atacan. El que pelea en su casa por defenderse y por arrojar á un injusto invasor, usa del primero y más sagrado derecho que concedió Dios al hombre en su creación: el que lo acosa y lo persigne en sus hogares para oprimirle y para aprovecharse del fruto de su sudor, es un monstruo que deshonra a la humanidad. Nada hay que no sea lícito al primero para su propia conservación: nada que no sea criminal é imputable al segundo que lo provoca. La Nueva Granada ha sido hasta aquí moderada, bien á costa suya; con los instrumentos y los agentes de su opresión; pero si por la fatalidad que preside á los consejos de España llevare adelante la empresa de subyugación de que está encargado el gobernante de Santa Marta, que se dice Capitán general y Jefe superior político del Reino, nuestra conducta variará también al mismo paso, y él y sus semejantes serán personalmente responsables de una guerra injusta de su parte, en querer esclavizar pueblos, necesaria y la más legítima por la nuestra para defendernos.

La Constitución particular de Cartagena nada ha influido ni influye en la suerte de la Nueva Granada. Unida como lo está aquella Provincia á sus hermanas, la resolución universal de ellas que ha sido y es la misma de ese pueblo proclamando espontáneamente su independencia, será su única regla.

Tal es la respuesta que dará V. E. al gobernante de Santa Marta á su intimación de 15 de Julio, en nombre del Presidente del Congreso de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, encargado de su Poder Ejecutivo federal, EXPRESÁNDOLE EL VIVO DOLOR QUE SIENTE EN QUE ELLA HAYA DE DIRIGIRSE Á UN AMERICANO QUE PRÓXIMO Á FINALIZAR SU EXISTENCIA, NO TENIENDO YA OTRA COSA QUE AMBICIONAR SINO SU DESCANSO, ASPIRE AL TRISTE CONSUELO DE OÍR EN SUS ÚLTIMOS MOMENTOS El. RUIDO DE LAS CADENAS QUE EL MISMO HAYA FORJADO Á SUS HERMANOS..
Dios guarde á V. E. muchos años.
Tunja, 6 de Septiembre de 1814.
Camilo Torres,
Presidente del Congreso.

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