AÑORANZAS
Viernes 30 de julio, 2010
De: Mario Pachajoa Burbano
http://pachajoa.110mb.com/

Amigos:

Horacio Dorado Gómez, escritor, historiador, columnista payanés, en el articulo que
reproducimos, se refiere a las cosas y costumbres que hoy extraña del Popayán del ayer.

Cordialmente

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Ahora extraño muchas de las cosas de ayer
Por: Horacio Dorado Gómez

Vivificante escribir sobre hechos evocativos de mi ciudad. Me recreo relatando los momentos que pasamos en el camino del viaje de nuestros días. Y lo hago, para que no se pierdan en el tiempo, ni para reservar en el alma las cosas que fueron, sino para salvaguardar la memoria colectiva. Gozo desenterrándolas y en ese trasegar, procuro deleitar a mis lectores (as) Por ejemplo, evoco el saludo “Patojo”: “cuando llegaste y cuando te vas”. Toda reflexión que transporta al hombre, es saludable y buena para el espíritu, entonces, no es nostalgia del pasado, es la vida retrocedida de mi corazón.

El término contemporáneo aplicable al modo sincrónico que vivimos nosotros y el que les tocará a nuestros descendientes, va siendo cada vez más corto. Ya no usamos el afectuoso abrazo del amigo ausente, ni saber de su salud, pues a menudo nos encontramos “chateando” en el msn (messenger). Ahora por internét conocemos los resultados de laboratorio sobre un embarazo. Hoy, el trato es por facebook, con cadenas de amigos virtuales que a través de fw, forward (re-envíos) recibimos mensajes que de no responderlos en 30 minutos, nos llegará una desgracia como perder el patrimonio, o la novia se irá con otro.

 Son gajes de la tecnología que nos atropella. La adopción de ella como soporte importante en el proceso educativo, rebasa los límites de la parte humanista, y nos encauza a la deshumanización del hombre. De allí que, sea necesaria la capacidad de discernimiento para distinguir la información útil, de la que no lo es, dentro de esa “carreta de la información”, conocida como “internet”. Por eso, casi ya no vemos las caras de los “Patojos”.

Extraño las voces de amigas que lloraban sobre mi hombro y no volví a oír cuitas de sus vidas. Extraño también, el paseo semanal para dejar mi columna, no sin antes haber saludado a toda la familia periodística de “El Liberal”, pues la red desplazó mi presencia. Es el precio que debemos pagar por la velocidad de la tecnología. Cambian las cosas en esta época de muchos conocidos, pero de pocos amigos.

¿Qué se hicieron los tertuliaderos? ¿Qué de los helados de Baudilia y qué del tinto en el Café Alcázar? Y los “Grilles”: la Carreta, La Llave, el Fantasio, la Tranca, el Maryland, el Playboy o simplemente “comer prójimo” en el parque de Caldas, son cosas de ayer.

Repaso los teatros Bolívar, Popayán, Valencia, Anarcos, y Palacé no sólo para ver películas, sino como sitio de encuentro para intercambiar novelas y los “cuentos” de Tarzán, el Llanero Solitario, el Fantasma, Porky, la Pequeña Lulú…Es cierto, Ahora sólo nos vemos en el Seguro Social, en la nueva EPS, en las IPS, en las droguerías, en laboratorios clínicos y lo más triste, en las salas de velación.
 
Civilidad: Recordar el ayer sin aprensión del porvenir

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