"POPAYÁN EN COLUMNAS DE PAPEL"
Jueves 15 de abril, 2010
De: Mario Pachajoa Burbano
http://pachajoa.110mb.com/

Amigos:

El pasado 24 de febrero en el Teatro Municipal de Popayán,  Horacio Dorado Gómez, escritor, historiador, columnista, estaba presentando su libro más reciente:  "Popayán en columnas de papel". Hoy, utilizando sus palabras durante la ceremonia, transcribimos parágrafos de ella.

"La idea del libro que hoy presento, nació del abogado Víctor Julián Jácome, asiduo lector de mis columnas de “El Liberal”, quien con alumnos en la universidad donde dictaba clases, y otras veces con sus queridos padres comentaba mis artículos. Como él, varias personas a menudo me insinuaban su agrado al leer mis escritos sobre las costumbres y tradiciones del Popayán de la segunda mitad del siglo XX. Por ello, los adapté y compilé para la memoria colectiva. Me propuse hacer remembranza de los pasajes de mi niñez y la juventud, nutrido de fuentes orales, que son los conocimientos que tenemos de hechos ocurridos, transmitidos de viva voz, de generación en generación. En mi caso, del diálogo prolongado, de compinches de escuela, conocidos coetáneos de la bancada del Parque de Caldas y también del registro fotográfico del médico José Vicente Erazo Domínguez, enamorado como el que más de la bella Popayán para evocar esa brecha de los años cincuenta aún sin registrar en libros".

"Me dediqué a rastrear muchas cosas de la vieja y amada Popayán. Algunas más útiles que otras, porque todas, con el tiempo se acaban olvidando."
 
"¡El tiempo borra todo!, por eso escribí la historia que se le ha ido olvidando a Popayán. En este libro quedan para siempre, aquellos años que no volverán, para que las generaciones futuras la repasen en estas páginas. La lectura de este libro, es el viaje de los que no pueden comprar el tiquete de regreso a Popayán. Recogí el humilde ambiente donde nací, donde me he criado y el que seré incapaz de abandonar."

"Es la vida nuestra contada en este libro en que todos somos los autores."
 
"Con esa estimulante inspiración, me senté a escribir las reuniones del barrio, los juegos de niños: el trompo, las bolitas, los zancos y rayuelas. O las tertulias después de la comida, en que la conversación y la música eran protagonistas; todo ello acompañado de la taza de café, agua de panela, chocolate con queso o los dulces de camote caseros, hasta los cambios registrados en la vestimenta, de la formalidad donde “el traje dominguero” era preponderante, porque no había otro entretenimiento."

"Celebraciones como la navidad, Año Nuevo, Semana Santa o Fiestas Patrias también experimentaron modificaciones. Para Navidad, se hacía una cena hogareña y sólo se regalaba a los menores. El pesebre, los rezos y cánticos, eran característicos, a los que luego se unieron la influencia foránea del Viejo Papá Noel y el pino. En la temporada decembrina, era típico hasta los años 50, el llamado plato de noche buena, que se hacía en familia para circular entre vecinos, con dulces calados, amasijos y platos de la culinaria criolla como el encurtido, hoy casi desaparecido."

"Frente a la posibilidad de que las tradiciones perdidas vuelvan, la escritora Sofía Correa, expresa: "Se pueden vivir procesos semejantes, hacer analogías con períodos anteriores, pero el mismo no se vuelve a vivir nunca más. A mí juicio, lo interesante es conservar lo sustantivo."

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