VERICUETIZACIÓN DE POPAYÁN
Viernes 9 de abril, 2010
De: Mario Pachajoa Burbano
http://pachajoa.110mb.com/

Amigos:

Horacio Dorado Gómez, historiador, escritor, columnista, en su artículo semanal
en El Liberal se refiere en hacer algo positivo para defender el patrimonio de la
otrora gloriosa Popayán.

Cordialmente,

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‘Vericuetización’ de Popayán
Escrito por Horacio Dorado Gómez
horaciodorado@hotmail.com
jueves, 08 de abril de 2010
El Liberal.

Invito a defender y proteger el Patrimonio Histórico del centro de Popayán y a la necesidad integral de la identidad y el respeto. Años ha, la vivienda estaba atada al contexto arquitectónico y social de la persona por el hecho de alojarse y vivir allí. Intento remover la conciencia de nativos y foráneos, para un análisis crítico convertido en instrumento práctico orientado a exigir una política pública en defensa de lo que queda del atractivo del otrora importante, pero aún vigente, ‘Popaianum’. A partir de este marco, planteo la necesidad de reformular la cuestión socio-urbanística, centrándola en la participación de alianzas cívicas para la conservación y protección de la disciplina urbana.
 
Popayán se volvió compleja, porque toda ella la convirtieron en un campo de negociación con o sin representaciones, roles e identidades en donde cada quien pone de manifiesto sus discrepancias, incluidos los grandes sectores sociales, pero sin chistar ni hacer nada por salvarla. La maraña central no es imparcial en esa lucha desigual por el poder. De allí que todos, sin excepción, somos responsables de la ‘vericuetización’ o ‘cuchitrilización’ de los espacios antes abiertos, frescos e iluminados de que disponía con elegancia y propiedad la ‘Ciudad Blanca’. Desde quienes fueron incapaces de conservar las casonas, hasta los topos que las adquirieron alterando ventanas en puertas, salones en piezas, patios en bodegas, abriendo puertas y puertas, para convertir el corazón de la ciudad en baratillos, socavones, tenderetas y cacharros publicitados por propagandas multicolores y ruidosas.

Frágil servicio el de las sociedades y entidades protectoras de las normas de urbanismo que con su silencio sepulcral toleran el daño encubridor de las Curadurías de sustituir los aires de boñiga en la Popayán original por el aturdidor tránsito, estacionamiento, cargue y descargue de camiones y tracto mulas. Todo, en detrimento de lo que diferenciaba a Popayán de otras ciudades: sus zonas de visibilidad y de exclusión espacial. Se volvieron calles en conflicto entre espacio público y propiedad privada, dispositivos de coerción y aparatos de opresión, sin normas de convivencia comunitaria; subgrupos que minaron la identidad colectiva con identidades particulares. Metabolismo urbano que mostraba lo que el turista quería ver, versus los híbridos adefesios o construcciones que visitan en otros lugares. Poco queda del testimonio de valores históricos, anécdotas y recuerdos de la condición humana de otros tiempos. Históricas calles para hombres y caballos; caserones y patios señoriales; plazas verdes, monumentos y barrios tradicionales. Perdimos la memoria colectiva del pueblo recordado, en la que junto a su topografía, hidrografía, clima y flora confluía la gran composición urbana de ‘Popaianum’. Qué de colibríes, belloteros, gorrioncillos, mirlas y azulejos posados sobre la vegetación asociada a la robleda. La ciudad era el hogar conjunto, en sentido muy plural, de las distintas poblaciones de un universo rico en diversidad.
 
Veintisiete años después del terremoto, la reformación sin criterio preciso del espacio urbano con influencia del capital especulativo del uso del suelo, agudizó la división marcada entre lo formal y lo informal, lo legal y lo ilegal, que terminó por confundir el estilo castizo por el caos y el bullicio.
 
Civilidad: Ante la indefensión de la riqueza monumental de la ciudad, adopción de medidas.

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