GIGANTESCA DISCOTECA
Domingo 21 de febrero, 2010
De: Mario Pachajoa Burbano

Amigos:

Ruth Cepeda Vargas, escritora, conferencista, educadora, se refiere en el articulo
que publica El Liberal, escrito por Administrador, "Una gigantesca discoteca",
a las mejoras que pueden realizarse en el Parque de Caldas de Popayán para darle
una presentación y escenario de acuerdo a la Semana Santa de Popayán que ha
sido declarada por la UNESCO, Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad.

Cordialmente,

***

Una gigantesca discoteca
Escrito por Administrador
domingo, 21 de febrero de 2010
El Liberal

Sólo en la noche del pasado jueves conocí la inmensa discoteca en que han convertido la plaza principal de esta querida y paciente ciudad. Luces rojas, verdes, azules, amarillas, brotan parpadeantes de los andenes reflejando sus colores sobre los blancos muros de la Gobernación y de la Alcaldía.
Por: Ruth Cepeda Vargas

Y después dicen que en Popayán no hay sitios en donde la gente logre divertirse… Primero: para iniciar la danza hay que colocar sendas orquestas cerca de las dichosas luces y que empiece el baile y el disfrute total…

Pienso que esa decoración era aceptable para navidad. Ahora llega la Semana Santa y Popayán tiene un serio y enorme compromiso: celebrar con toda la magnificencia que exige el que sus procesiones hayan sido declaradas Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad. Yo no puedo imaginar el paso de andas, de rezos, de fe, mezclados con este entorno luminoso y totalmente ajeno a los desfiles sacros.

Creemos que la solución es muy sencilla: reemplazar estos bombillos multicolores por unos de luces que hagan juego con el brillo de los faroles que alumbran las calles del centro histórico. Se vería espléndido, siempre y cuando que para esa fecha hayan terminado el parque de Caldas, obra que puede ganarse fácilmente el Guinness Records por su inexplicable lentitud.

Ya hace más de dos años que se empezó este trabajo. Nunca hemos podido ver que se sostenga una labor continua de varios obreros que trabajen siempre en los diferentes sitios que este lugar exige. Dejan pasar los tiempos del verano en el que perfectamente se podría trabajar en las noches. Esta paquidérmica tarea permite que las lluvias retornen, que llegue el otoño, que regrese la primavera, que vuelva el invierno sin que aquí pase nada. Mientras tanto la gente sigue cayéndose en esos desniveles invisibles que la obra presenta. Tienen que inventarse algo para que el público pueda darse cuenta de esos cambios de alturas mínimas y así poder evitar una dolorosa fractura. La “sala de la casa” debe retomar la confianza que sus habitantes tenían en ella.

Apagar sus luces arco iris que no tienen nada que ver con su antigua belleza: simple, aristocrática, ordenada. El parque con sus árboles que afortunadamente se han salvado de este naufragio. Con ese rumor de hojas que acompañaban nuestros pasos cuando penetrábamos su verde corazón. Las ciudades son bellas mientras más simples y auténticas sean. Hay que conservarlas. Mantener su rostro que guarda las vivencias que la han visitado. De lo contrario desdibujaremos su figura que se irá desvaneciendo en el tiempo y de pronto, cualquier día, se nos habrá perdido, irremediablemente, para siempre.

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