OLGA LÓPEZ DE DELGADO
Viernes 18 de junio, 2010
De: Mario Pachajoa Burbano
http://pachajoa.110mb.com/

Amigos:

Con ocasión del fallecimiento de Olga López de Delgado,
Jaime Vejarano Varona leyó su escrito que hoy transcribimos.

Cordialmente,

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OLGA LÓPEZ DE DELGADO
Panegírico de Jaime Vejarano Varona.
Mayo 9, 2010. Popayán.

Al llegar a nosotros, y a la ciudad toda, la sorpresiva e infausta noticia del deceso de nuestra querida amiga Olguita López de Delgado y al lastimarse ante su inevitable realidad las fibras más sensibles del corazón, nos asalta una sensación angustiosa de impotencia, de desconcierto y de profunda amargura.

La vida de esta mujer excepcional puede compararse con la policroma floración de un edénico jardín. Era ella una rosa cárdena, un nardo aromatizado, un geranio pubentino, un clavel español, una azucena de prístina blancura, ornando el vergel de nuestro patio payanés.

Sus gestos de suavidad de legendario tisú; su sonrisa magnética que nos hacía girar obstinadamente en su derredor; la fluidez de su diálogo de festivas tonalidades; esa riqueza espiritual que nos contagiaba vital entusiasmo, así como tantas otras virtudes con que la adornó naturaleza para inspirar la concepción de la mujer ideal, concurrieron a hacer de su personalidad un espécimen humano atrayente y pletórico de gracia.

De aparente fragilidad, su menuda y agraciada figura femenil, albergaba en su interior una gran fortaleza que le permitió burlar la embestida de las vicisitudes que tratan de domeñar el carácter de las personas buenas.

Conversar con ella, era llenarse el espíritu de indelebles acentos. Nunca le vimos algún rictus de amargura o desolación. Fue su existencia, para quienes la rodearon, una fiesta de expresiones afectuosas, de amor y simpatía.

Hoy, ha establecido Olguita su estancia en un lugar lejano e ignoto desde el cual nos está contemplando con su tierno mirar, diciéndonos que su ausencia no debe llenarnos de tristeza y pesadumbre, pues virtualmente no ha dejado de estar con nosotros, de inspirar su entorno familiar, y de compartir nuestras horas y vivencias. Olguita permanece en medio de la sociedad que la quiso porque almas como la suya no pueden escapar a sus querencias.

Gratos, gratísimos recuerdos conservaremos de quien en la vida nos enseñó la virtud del sosiego espiritual y la existencia alegre y complaciente con el destino que nos corresponde llevar en nuestras vidas.

La encendida manifestación de cariño que se le tributó a su despedida, abundante en flores, sollozos, lágrimas y abrazos, son el testimonio de cuánto la quisimos y de cómo nos dolió y seguirá doliendo su partida..

Ximena, Isabelita y Felipe serán para nosotros la representación de su vital persistencia y al coloquio que nos concedió generosamente y que nunca se interrumpirá, acudiremos con frecuencia para llenarnos siempre de su espiritualidad serena y armoniosa.

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