EL CRISTO DE LA EXPIRACIÓN
Miércoles 24 de marzo, 2010
De: Mario Pachajoa Burbano
http://pachajoa.110mb.com/

Amigos:

Sandra Simmonds nos ha enviado la historia del famoso paso sevillano El Cristo de la Expiración "Cachorro".

El Cristo de la Expiración fue una obra hecha en 1682 por el joven imaginero utrerano Francisco Antonio Ruiz Gijón. La imagen pertenece a la Hermandad Pontificia, Real e Ilustre Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Expiración y Nuestra Madre y Señora del Patrocinio y sale de la Iglesia Del Patrocinio el Día Viernes Santo a las 3:45 de la tarde y entra a las 2:35 de la mañana. Lo acompañan 1705 nazarenos. Costaleros: 35/30 Hermanos. Es una obra maestra del barroco.
Foto de El Cachorro del libro de la hermandad "Crónicas de una Época", 1973.

Cordialmente,

***
Historia del Cachorro de Sevilla
Enviado por: Sandra Simmonds
2010


Foto: La hermandad
/Corría el año 1.682 cuando una cofradía de Sevilla, encarga al escultor José Antonio Ruiz Gijón la talla de un Cristo Crucificado, que llevaría por nombre el Cristo de la Expiración. Se esmeró el joven artista en conseguir su mejor obra. Sobre el papel, a carboncillo, trataba de plasmar, la faz de su Crucificado, pero no conseguía la expresión de un rostro de varón en patética agonía, tal y como él la imaginaba, la agonía de un ajusticiado en Cruz.

El escultor, agobiado y desengañado, decide salir de su estudio y dar un corto paseo a la luz amarillenta de unos candiles que alumbraban una fría noche Sevillana. De repente, se oyen unos gritos trémulos y no muy lejanos. Eran lamentos mortales que le sobrecogían el alma. Con premura llega el escultor al lugar donde un grupo de mujeres, gimiendo y llorando, le impiden ver. Se abre paso y… se horroriza. Ante sus ojos la figura de un hombre en agonía.

Un gitano, con respiración estertórea, lleva clavada en el pecho una navaja que le desangra. El escultor, se acerca, trata de ayudar y cuando su mano percibe al tacto el sudor de la muerte, fija la mirada en las pupilas negras de este hombre y ve unos ojos perdidos en el infinito. Oye el ronquido del suspiro con el que se exhala el alma y en este impresionante trance le queda grabado para siempre el dramático rostro del joven gitano al que su madre llamaba “Cachorro”

En la más íntima fibra de su sensibilidad artística ha quedado grabada la imagen que buscaba. El artista esculpió lo que vió, que no es otro rostro que el que ves. Quiso el escultor labrar para siempre la exaltación máxima de la agonía y para nuestra perplejidad, la dejó cincelada en la mitad del semblante de este Cristo. En la otra mitad, plasmó la muerte, ya evidente en la córnea, sin brillo ni color, del ojo derecho y unos labios descolgados que exhalan la expiración.

Este es el Crucificado soñado por el artista. La impresionante talla sale en procesión el Viernes Santo. Estremece su visión por el Puente de Triana al caer de la tarde, mientras la brisa cargada de jazmín y galán de noche, da vida al pábilo vacilante que alumbra el Rostro. Probablemente el más hermoso de los Cristos, es como si hubiera capturado para Sí, el rostro de un gitano en agonía.


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