JUAN DE CASTELLANOS
Miércoles 27 de enero, 2010
De: Mario Pachajoa Burbano
http://pachajoa.110mb.com/

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Foto: commons.wikimedia
Juan de Castellanos escribió en 1589 uno de los libros fundamentales
en la historia de Popayán "Elegías de varones ilustres de Indias" en
las que narra hechos de la Conquista en 113.609 versos endecasílabos.
En otra oportunidad distribuimos una breve historia de Castellanos.
Hoy ofrecemos fragmentos del  Prólogo de la reimpresión de la magna
obra.
Lectura adicional: "Juan de Castellanos y su Historia de la Nueva
Granada"
por Marcos Jiménez de la Espada. LC clasificación
E141.c34 microfilm 10326E.


Cordialmente,

***
ELEGÍAS DE VARONES ILUSTRES DE INDIAS
ESCRITO POR: JUAN DE CASTELLANOS
AÑO 1589

PROLOGO.

La presente obra ha llegado á ser, por su rareza, una de aquellas curiosidades bibliográficas de que pocos tienen noticia, y cuya reimpresión llena un gran vacío en nuestra literatura antigua.

Increíble parece que casi todo lo que se sabe de Castellanos es lo poco que de sí mismo habla en sus Elegías y que, por más investigaciones que hemos hecho en archivos y bibliotecas, sólo hemos hallado mención de su nombre y de sus obras en la de don Nicolás Antonio, y en los apuntes que Muñoz ha dejado en la Academia de la Historia.

El primero de estos escritores da a entender que Castellanos nació en Tunja; habla de la primera edición de la primera parte de las Elegías, la cual vio la luz pública en 1589; se refiere a una cuarta parte, celebrada por don Tomás Tamayo, en su Colectio librorum hispanicorum, y cita la Bibliotheca indica de Antonio León, donde se habla de un ejemplar de la segunda parte, que poseyó Luis Tribaldo de Toledo, cronista real de las Indias, de cuyas manos pasó a las de Lorenzo Coceo, secretario de N. Compegio, nuncio apostólico en España.

Por manera que la única biografía que de Castellanos existe, queda reducida a las escasas noticias que de él mismo injiere en su obra. De ellas se colige que siguió desde luego la carrera militar, y que se halló en reñidos encuentros y corrió grandes peligros en las diferentes Campañas a que dieron lugar las conquistas de los vastos territorios de que se formó, en tiempos muy recientes, la república de Colombia. Después abrazó el estado eclesiástico y obtuvo el beneficio de Tunja, en lo que se llamó entonces Nuevo Reino de Granada. En una y otra situación contrajo relaciones íntimas y tuvo frecuente trato con muchos de los hombres más distinguidos que figuran en aquellas grandiosas hazañas.

Este descuido de los contemporáneos de Juan De Castellanos es tanto mas notable, cuanto que su obra está muy lejos de esa trivial medianía que justamente desdeñan los hombres del saber y buen gusto. El autor no quiso elevarse a la altura de la poesía épica; no quiso revertir su narración con las galas de la fantasía, ni darle esas formas artificiosas que nunca se emplean sino a costa de la verdad. Menos ambicioso que Lucano y Ercilla, sólo consagra sus esfuerzos a preservar del olvido hechos notables y circunstancias graves y curiosas. No es un poeta creador: es un historiador escrupuloso, que prefirió la octava rima a la prosa, quizás para recrear con este agradable ejercicio los últimos años de su vida, o quizás también, porque a ejemplo de Ovidio , "quod tentabat dicere versus erat". A esta segunda opinión nos inclinan su facundia inagotable; la increíble facilidad de su versificación, la cual, generalmente correcta y fluida, aunque a veces demasiado trivial y desaliñada, no se detiene en los obstáculos que le ofrecían la exactitud numérica de las fechas, ni los extraordinarios nombres de los indios y de los puntos geográficos de las regiones que habitaban. Las escenas terribles y las graciosas; las batallas más sangrientas y las caminatas más difíciles; fiestas lúcidas, cultos solemnes, paisajes floridos y voluptuosos, espectáculos naturales, llenos de horrorosa grandiosidad, todo se presta con igual holgura y ligereza al ritmo de este grande y fecundo versificador; para todo encuentra en su imaginación fértil y variada ritmos sonoros, cortes de verso naturales, consonantes propios y escogidos, y frases, si no eminentemente poéticas, a lo menos elegantes, bien construidas y muy raras veces torcidas de su prosodia, para formar la cadencia legitima y llenar el número requerido.

Sus defectos son los comunes en su siglo; los mismos en que incurrieron los que más lustre le dieron con sus producciones inmortales: anacronismos insignificantes, ostentación pedantesca de importuna y mal traída erudición, ignorancia de las ciencias naturales envueltas todavía en la infancia, inversión no motivada de sucesos, y esa propensión a retruécanos y antítesis que bajo diversas formas se reproduce en todas las épocas literarias, y de que no supieron preservarse los mayores ingenios de la antigüedad.

Mas estas imperfecciones están más que suficientemente compensadas por algunas dotes, tanto más gratas a la generación presente, cuanto más escasean algunas de ellas en los trabajos literarios de nuestro siglo. Distinguimos entre estas cualidades preciosas la paciencia investigadora que supone la acumulación de tantos sucesos, el interés dramático de tan extraordinarias virtudes, la exactitud en la descripción de las localidades, el arte con que excita la curiosidad del lector, graduando diestramente el desarrollo de los incidentes con que la satisface; por último, esa sencillez candorosa que toda la obra respira, reflejo de un alma recta y pura, consagrada al culto de la verdad y ajena de todo lo que pudiera torcerla y ofuscarla.

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